YO CAMPESINO

El Acento / El final

Jesús Corona Osornio

El señor AMLO en pleno ocaso de su gobierno, pésimo y delirante, un mal gobierno sin dudas, desastroso, la pobreza ha crecido desmesuradamente.

En los sexenios, de lo que el propio autócrata, llama neoliberales no se produjeron índices de pobreza tan graves, muy a pesar del dinero que se regala a diestra y siniestra.

López Obrador, no ha tenido ningún acierto, la economía si bien aún no ha colapsado ha sido por razones multifactoriales.

Sin embargo, el gasto en desarrollo social se concentra en los programas ideados por el presidente, sin ninguna planeación.

El sexenio de Andrés Manuel ha sido de inventar, de hacer por hacer, solamente por demostrar que el de él es un gobierno diferente.

Y ciertamente es muy distante de los otros, esté ha sido más corrupto, más ineficaz, y exageradamente nepotista.

Un sexenio prácticamente perdido, fatuo y con una deuda exorbitante, producto de los caprichos del déspota. Desde la cancelación del aeropuerto de Texcoco y las faraónicas obras como el Tren Maya, destructor de la selva maya.

La refinería de Dos Bocas, inacabada y cuyos costos se han incrementado exponencialmente y muchas otras obras que heredará la señora Sheinbaum.

El final del mandato de AMLO, no terminará como el lo soñaba, ahogado en el mar de sus contradicciones, mentiras e incumplimientos, López se retira herido.

Sin embargo, el autócrata se niega, no acepta su triste y lamentable fin, es cierto que goza de una gran cantidad de seguidores, no tiene autoridad moral, nunca la tuvo.

Enfermo, cansado, comienza a observar como los más ya comienzan a tomar distancia de él, su desmedido poder no le ayuda a quitarse ese pesar, ese sabor de derrota.

Sabe que tuvieron que hacer trampa en las elecciones pasadas, para poder imponer a su sucesora cuyo triunfo por una diferencia de 30 millones de votos, no lo creen ni ellos mismos.

Se les paso la mano, afortunadamente para Morena y su candidata, el que las oposiciones fueran débiles, les dio lo que necesitaban.

Andrés Manuel, cínicamente se ríe de la gente, de ese pueblo bueno y sabio que lo apoya, la compra del voto al través de los programas sociales, rindió frutos.

Ya cuando haya pasado tiempo y analicemos con más calma y sin pasión el sexenio de López Obrador, encontraremos respuestas que hoy no tenemos.

No pocos le dieron el beneficio de la duda, no pocos analistas y columnistas parecían promotores de la candidata ganadora.

Casi gritaban, ahora sí, tendremos un gobierno pensante, moderado, la realidad, acostumbra pegar muy fuerte, nos muestra a una política muy reducida y obediente.

Claudia Sheinbaum Pardo, no gobernará al cien por cien, tendrá que cohabitar con AMLO.  y lo hace, ahora que aún no gobierna.

Cercada por medio gabinete, por diputados y senadores de Morena, poco podrá hacer, su presidencia cuando menos en los primeros tres años será difícil, la oposición está en su partido.

Andrés Manuel, no ha soltado el poder, y no lo soltará, le importa mucho, por su ego, que el sexenio de Sheinbaum, sea un permanente homenaje al “mejor presidente de México, de todos los tiempos, todos”, sino fuera porque es cierto, parecería un chiste, de una tragicomedia.

López Obrador se va, pero no se va. Hasta la próxima.

 

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