En una reunión virtual realizada a finales de enero que fungió como la sesión inaugural de trabajo, la funcionaria dijo que la iniciativa persigue «una política pública esencial: construir una República Lectora», añadiendo que trabajarán para cimentar un país en el que el acceso a la palabra «sea una garantía de Estado en cada territorio» y donde «leer y escribir no sea un privilegio».
Si bien la creación de un organismo de este tipo estaba prevista en la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro, aprobada en 2008 durante la presidencia de Felipe Calderón, recién ahora el Estado mexicano formaliza su creación para buscar crear una hoja de ruta clara de apoyo a la literatura.
Números en caída
Específicamente en lo que respecta a libros, el promedio de ejemplares leídos —no necesariamente comprados— por la población mexicana se sitúa en apenas 3,2 al año, una cifra que se ha mantenido estancada o con ligeros retrocesos frente a los 3,6 libros reportados en mediciones previas a la década actual.
De acuerdo con la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (CANIEM), la producción del sector privado registró un descenso del 15% en el número de libros publicados durante 2024 respecto al año anterior, con apenas 20.054 títulos. En términos de ejemplares, la producción descendió un 4,1%, sumando dos años consecutivos de contracción.
El tema fue ampliamente debatido en la última Feria del Libro de Guadalajara, cuando directores de grandes editoriales revelaron que, pese a tratarse de un país con alrededor de 130 millones de habitantes, actualmente un libro es considerado un best-seller en el mercado mexicano si despacha 10.000 ejemplares.
Esta cifra se encuentra muy por debajo de lo que han logrado éxitos en el pasado: en la década los 90, «Como agua como para chocolate», de Laura Esquivel, llegó a vender más de tres millones de ejemplares solo en México, mientras que los libros de Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes o Corín Tellado salían al mercado con ediciones lanzamiento de cientos de miles de copias.
«Una iniciativa necesaria y económicamente astuta»
«Al dedicar recursos y voluntad política para impulsar este sector, se reconoce que una sociedad que lee es una sociedad más preparada e informada. La medida rescata el valor intelectual y social de la lectura, entendiéndola como una herramienta que permite a las personas sumergirse en realidades distintas y a la vez interrogar mejor el presente», señala el experto.
De todas formas, el especialista advierte que el éxito de la medida será juzgado por sus resultados, algo todavía incierto. «Países como España crearon el bono cultural, que implica darle cierta cantidad de dinero a los jóvenes para gastarlo en música, cine o libros, y esto ha tenido un fuerte impacto. Lo mismo Argentina en décadas anteriores con el financiamiento de las traducciones y compras a editoriales independientes, o Brasil, que exime de impuestos a los libros».
Adaptarse al mundo digital
«Sería como querer que la gente vuelva a hablar por teléfonos de cuerda o cocinar con leña y fuego. Cuando suceden saltos tecnológicos, como en el caso de las computadoras e internet, lo único que queda es adaptarse, porque la barrera neurológica ya es infranqueable», afirma.