YO CAMPESINO

El México de Hoy / ¡Mujeres!

Gabriela Lazcano

Cierto es que venimos de todos lados, de todas formas y de todos colores. También es cierto que todas tenemos pensamientos distintos, maneras diferentes de reaccionar y gustos que no siempre coinciden. Tampoco somos fáciles, y menos entre nosotras. Es triste, pero es una realidad.

Usted nunca sabrá el poder de una mujer enojada hasta verla en ese estado. Una mujer enojada con otra pierde toda su coherencia y objetividad.

Y si se trata de defender a sus hijos, prepárese para ver, oír y sentir todo el resentimiento y la furia de una madre a la que no le importa nada, salvo proteger a sus cachorritos. También hay quienes tienen hijos que jamás debieron tener, hijos que les estorban y que nunca gozarán del apoyo emocional de una madre.

Y siguiendo con las diferencias, hay otras que son madres y padres al mismo tiempo. No porque les encante el papel, sino porque no tienen otra opción.

 Además de cargar con el peso de un hogar, su manutención, el cuidado y la educación de los hijos, deben prepararse, la mayoría de las veces, para un futuro incierto. Porque no todos los hijos son buenos. Porque no todos los hijos son bien educados. Porque, al final del día, la suerte también juega un papel importante. Así que, entre todas las demás preocupaciones, DEBEN pensar en su futuro.

También están aquellas que son buscadoras de sus hij@s. Ellas representan, para mí, el dolor más grande de este país. La deuda más dolorosa. La realidad más ignominiosa que vivimos día a día. México es un panteón de miles de kilómetros que recorren mujeres sin ayuda, con palas y picos, sacando huesos que cuentan la verdad de este país.

 No podemos olvidar a las activistas, las mujeres comprometidas y coherentes que a diario luchan por la igualdad en todos los ámbitos. Es gracias a ellas que México aún se sostiene. Así, todas hemos recorrido un gran camino. Un camino de muchos años luchando por la igualdad laboral, judicial, social, doméstica… y un largo etcétera.

No soy feminazi. No creo que todos los hombres sean malos ni que todas las mujeres sean buenas. Tampoco creo que la bondad se dé por género. Creo que el tejido social está tan roto que, por esas grietas, se ha colado el odio, el asesinato, la violencia y todas las atrocidades que nos suceden estos días. Ayer marché junto a mi hija y mi sobrina. Las vi, algunas veces, con lágrimas en los ojos. Tristemente, la mujer que debería darnos certeza de ser oídas, atendidas y rescatadas, NOS PUSO VALLAS

Por las oprimidas, marginadas, violentadas, violadas, asesinadas, desaparecidas, quemadas, cortadas. Por las desesperanzadas, las enfermas, las que no tienen salida, las que han sido rotas en espíritu y voluntad. Por las que lloran a solas por las que abortan con un gancho. Por las que madrugan para trabajar. Por las valientes que toman un autobús. Por las madres que las esperan. Por las que trabajan para ser independientes. Por las que ya no están.

 FALTÓ UNA AL FRENTE

 pero somos miles. Porque el grito es y seguirá siendo:

 “NOS QUITARON FUERZA, NOS CRECIERON ALAS.”

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