Víctor Hugo Islas Suárez 

Nos encontramos aún sumergidos en este “encierro” ya por tan pocos respetado, ha sido un año en que se han desatado las pasiones, nunca mejor dicho, y bombardeados /abrumamos a todo el mundo con miles de fotos, en muchas de las cuales aparecen niños o menores de edad. Supongo que lo hacemos porque son muy monos (qué duda cabe) y queremos presumir de ellos en las redes sociales; mala idea.

Esta no será la primera vez que lean o escuchen que no es en absoluto conveniente publicar en Internet fotos de menores (mal si son tus hijos, peor si no lo son, y mucho peor si son ellos mismos los que se autopublican), pero quizá esta sea la vez en la que, tras leer estos 10 argumentos, se te van a pasar las ganas de volver a hacerlo y si no, bueno, al menos lo intente.

Las 10 razones

1.- Estamos exponiéndolos. Simplemente observando la foto más inocente del mundo, los malhechores tienen al menos una buena referencia visual del aspecto físico del niño, y en el peor de los casos también ofrecemos la posibilidad de localizarlo en sus lugares habituales de estudio, juego, entrenamiento.

2.- La foto que se publica en Internet queda totalmente fuera de nuestro control. Creo que la gente aún no es capaz de concebir cuántas personas pueden acceder a esa imagen o contenido que acabamos de publicar “para los amigos” (también habría que redefinir, muy en serio, lo que es un amigo). Y lo peor no es cuántos son, que ya hemos dicho que muchísimos, sino quiénes son, o siendo aún más precisos: cómo son. Si usted tomara verdadera conciencia de esta realidad dejaría inmediatamente de publicar fotos de sus hijos, e incluso de usted mismo.

3.- ¿Está de viaje? ¡Peor todavía! Lo ideal sería no publicar fotos de menores en ninguna circunstancia, pero si cumplir esta restricción durante los periodos más lúdicos y familiares le parece increíblemente duro, al menos no las publique, aunque las haga, mientras todavía estén de vacaciones.

4.- Derechos constitucionales del niño. En este sentido encontramos un derecho fundamental a la intimidad de todas las personas (art. 18), y un sistema constitucional específico de protección de los niños (art. 39), que abarca la protección integral de los hijos, el deber de asistencia por parte de los padres, al menos durante la minoría de edad, y la protección prevista en los acuerdos internacionales que velan por los derechos de los niños.

5.- Derechos digitales del niño. Son los establecidos en la Ley Orgánica 3/2018 (LOPDGDD), y aquí si le pido que la lea usted, para que le quede claro que no lo dije yo.

6.- Los estamos acostumbrando/aficionando a las RRSS. Los niños son muy jóvenes, pero ni mucho menos tontos. Y muy observadores, ya que desde luego saben que el destino de todas esas imágenes es el ser compartidas. Los estamos acostumbrando, aficionando y encaminando, desde temprana edad, a las RRSS.

7.- Afecta a la percepción del mundo de los más pequeños. El desarrollo físico y sobre todo emocional del niño, esa infancia que casi todos ustedes recordarán con nostalgia como una etapa de despreocupación y felicidad, queda totalmente condicionada por el flasheo constante y la necesidad de interrumpir cualquier actividad para poner una cara graciosa, una posturita o simplemente mirar a la cámara.

8.- Los peligros de las redes en adolescentes. Además de que ese postureo puede y suele ir a peor con los años, resulta especialmente peligroso cuando el menor, ya adolescente, se ha hecho con un dispositivo móvil.

9.- El primer amor. WhatsApp lo carga el Diablo para todos, pero especialmente para los adolescentes (y sobre todo para aquellos que fueron educados en la cultura de las fotos, los selfies y los likes). Imaginen la siguiente secuencia de acontecimientos, les aseguro que nada infrecuente: dieciséis años, primer “amor” (por así decirlo), amor incipiente; amor ardiente; intercambio de mensajes/fotos/vídeos eróticos; 7 horas al día en “el” WhatsApp (incluido el chateo en clase, de modo que imaginen el grado de atención) y siga por ahí, se pone peor

10.- Otros delitos. Hemos mencionado la “sextorsión”, pero sin duda una de las partes más negativas de la cibersociedad es el desarrollo de todo un catálogo mucho más amplio de ciberdelitos, como el phishing, el spam, el bullying y varios tipos de fraudes.