Víctor Hugo Islas Suárez

Desde el inicio de la pandemia el mundo de las redes sociales comenzó a moverse a pasos gigantes, no tardaron en aparecer los memes, las citas “chistosas”, los videos modificados, y muchos etcéteras, pero lo que más abunda en la redes son esas personitas que creen saberlo todo, desde comunicadores, reporteros, políticos, “influencers”, actores, y todos son igual de peligrosos que los “duendes sabelotodo”, seguramente entre sus contactos de alguna red siempre esta el que critica, el que opina, el que repostea algún contenido no propio pero que lo hace suyo, solo rematando con alguna frase “inteligente” y ácida a la vez.

Todos tenemos un conocido, nos amarga las pláticas, seguramente identifica a esa persona que dice “si me dejaran a mí, lo arreglaba todo en dos días”, le da igual que se trata de la sequía, el sistema sanitario o la pandemia actual, bueno esto tiene una explicación, lea lo siguiente y seguramente identificara a ese perfil que se describe, se le llama <El efecto Dunning-Kruger>

Este fenómeno tiene un nombre en psicología: el efecto Dunning Kruger, por los dos académicos que lo estudiaron. Se define como un sesgo cognitivo que hace a la gente pensar que saben mucho más de lo que realmente saben, su estudio original de 1999 se titula ‘Ineptos y sin saberlo: cómo la dificultad para reconocer la propia incompetencia lleva a ideas infladas de uno mismo’. Con eso ya está dicho todo.

Un estudio posterior pudo comprobar que este efecto sigue una curva, sabes nada, sabes que no sabes nada.

Sin embargo, cuando sabes algo, piensas que sabes todo lo que hay que saber. Se llama el “pico de la estupidez”.

A medida que profundizas en el tema te das cuenta de todo lo que te falta por aprender, y llegas a pensar que, en realidad, sabes muy poco. Esto se llama el valle de la desesperación.

Sigues estudiando, y con el tiempo eres más consciente de lo que en realidad sabes. Este es el “camino de la iluminación”.

El efecto Dunning Kruger parece ser una característica del cerebro humano. Nos gusta extraer conclusiones con pocos datos, porque nos hace la vida más fácil. Esto quiere decir que todos en mayor o menor medida lo sufrimos.

En temas de política, religión, pandemias y en otros muchos lugares, se ha visto que la gente ya no confía de los expertos. Si los verdaderos expertos no tienen credibilidad, cualquiera puede ser un experto, la única forma de combatir el efecto Dunning-Kruger es analizarnos a nosotros mismos cuando caemos en él, admitir que no sabemos demasiado del asunto, y buscar datos, no opiniones de los demás a no ser que creas que tienes una solución mejor, pero cuidado con sentirse dueño de la verdad absoluta.