Víctor Hugo Islas Suárez 

Hace poco leí una fábula; “La zorra y las uvas”, Una zorra ve un racimo de uvas e intenta alcanzarlas. Al darse cuenta de que está demasiado alto y nunca podría llegar a ellas, desprecia las uvas diciendo, “¡Están verdes! ¡No están maduras!”. La moraleja de la historia es que a menudo los seres humanos fingimos despreciar aquello que secretamente anhelamos y que sabemos que es inalcanzable.

A falta de un talento propio, observamos actualmente como los haters acosan, insultan y se burlan a través de Internet a figuras públicas y no tan públicas, el comportamiento del odiador existe desde la antigüedad. Muchas figuras públicas como filósofos, arquitectos o músicos que atraían la atención y admiración de su comunidad se ganaban también el odio o el desprecio de ciertas personas. A diferencia de la gente a la que meramente no le gustaban las obras de las celebridades o simplemente no les importaban, los odiadores de aquellas épocas se encargaban de difamar o destruir la reputación y el valor que la comunidad le daba a dichas figuras públicas.

Todo ser humano tiene instintos de vida (“Eros”) y de muerte (“Tánatos”). Eros genera sentimientos de amor y Tánatos es un cultivo de sentimientos de odio y envidia destructiva, es una maravillosa estrategia lograr combatir los aspectos destructivos de la humanidad sin emplear más hostilidad sino incrementando aquello que genere amor, pero siempre estará ligada a esta estrategia su némesis, esas personas que al no ser “suficientes” al ser “básicos” tienden su odio en contra de lo que no les gusta, o muchas veces y aún peor, no entienden de fondo, publican y alardean con personas de su talla, se unen y desprecian a la misma entidad, crean grupos, sociedades y movimientos en torno de un mismo objetivo, “luchar” contra el enemigo que muchas veces se regocija delante de sus “heaters”

La palabra “hater”, que en inglés significa alguien que odia o que aborrece, hace referencia a un término empleado en las redes sociales para denominar a los usuarios que generalmente desprecian, difaman o critican destructivamente a una persona, a una entidad, a una obra, a un producto o a un concepto en particular, por causas poco racionales o por el mero acto de difamar.

Es más fácil criticar y atacar que proponer y construir, el odio de las redes está en todas partes, basta abrir y leer publicaciones, personas que se quejan de tal o cual producto, “está muy caro”, “es para fifís” o simplemente toman la noticia sin leerla, pero cómo el encabezado tiene un titular alarmante, se basan en ello para atacar, que difícil vivir en la era del internet, que difícil es publicar algo, todo, todo tiene su cara y su cruz, las cosas buenas que se hacen, encuentran retractores, las cosas malas que se hacen encuentran seguidores, desde un producto hecho a base de avellanas, pasando por un teléfono celular, y hasta contar con el feminismo y el derecho a la vida, tan sencillo que sería dejar de atacar, ser más felices, dejar en paz al político y al niño de la clase o al compañero que no cae bien, pero eso no lo hacen los “básicos”