Jorge Fernández

  • La unión entre gobernantes y gobernados, guiados por un pensamiento ideológico vanguardista, ha permitido a China superar retos inéditos e inadvertidos en momentos de crisis internacionales.

Este año no ha sido de los mejores para los gobernantes del mundo, quienes han visto con alarmante preocupación cómo la emergencia sanitaria internacional evidenció la existencia de problemas estructurales a los que no se les había prestado suficiente atención. Pero a diferencia de un elevado número de desafortunados países en distintas regiones del mundo, China demostró solidez y fortaleza para afrontar con eficiencia retos inesperados. El liderazgo del Partido Comunista de China (PCCh) resultó crucial para mantener a China por la senda del desarrollo en un contexto internacional de ralentización en el crecimiento económico. Los logros materializados este año por China hablan por sí mismos.

Sin duda el mayor mérito de la dirigencia nacional este año fue la pronta capacidad de reacción y la eficiencia en los trabajos ejecutados para confrontar a un enemigo que generó problemas inéditos e inesperados. Pese a la repentina aparición del insospechado fenómeno, el marco ideológico que legitima al PCCh, producto de experiencias históricas, demostró el papel fundamental que desempeña en el destino nacional. El pensamiento del presidente Xi Jinping sobre el socialismo con características chinas de la nueva era afloró como un código formativo que guió con firmeza tanto al PCCh como al pueblo, en medio de una batalla tanto para salvar al mayor número de vidas como para continuar con la materialización de metas establecidas en el pasado.

En el marco de la XIV de la reunión del Comité Central del PCCh para la profundización de la reforma integral, celebrada recientemente, el secretario general, Xi Jinping, recordó que a la par de principios ideológicos y estilos de liderazgo, la profundización de la reforma también es crucial en los trabajos para superar problemas y hacer realidad los planes trazados con anterioridad. Este 1 de julio cae el aniversario número 99 de la fundación del PCCh, una fecha que activa inaplazablemente la cuenta atrás para el cumplimiento de una de las dos metas centenarias: la materialización de una sociedad modestamente acomodada. El desempeño asumido por el secretario general en momentos de incertidumbre ofrece pistas de la fuerza que hay en las acciones desplegadas por el país para cumplir sus objetivos y para honrar las promesas juramentadas.

En cuanto la COVID-19 comenzó a asolar al pueblo de China, el secretario general del Comité Central del PCCh, Xi Jinping, asumió un papel clave con el que lideró la batalla contra la propagación del virus, a fin de salvaguardar la salud pública nacional y, por consiguiente, a la mundial. En sus primeras declaraciones, el también presidente de China indicó que la crisis generada por la enfermedad encarnaba una prueba en la que no se podía defraudar la confianza del pueblo. Así, el liderazgo del Comité Central del PCCh, nucleado por Xi Jinping, demostró convicción y determinación para desplegar con eficiencia trabajos orientados a evitar la propagación de la COVID-19 y a superar a la brevedad los efectos del nuevo coronavirus.

Entre las adversidades causadas por la COVID-19 está el aumento en el número de pobres en el mundo. Para China, liberarse de este mal representa una misión impostergable para realizar la construcción integral de una sociedad modestamente acomodada. No obstante, la pandemia asestó un doloroso golpe a los esfuerzos emprendidos por la dirigencia nacional para erradicar completamente la pobreza extrema en el país. Este inesperado revés, lejos de ser definitivo, solo ha estimulado un estilo de trabajo pragmático orientado a cumplir las dos metas centenarias. El secretario general del Comité Central del PCCh ha supervisado personalmente los trabajos desplegados contra la pobreza, emprendiendo viajes de inspección y girando instrucciones que dejan claro su compromiso para honrar una inquebrantable promesa.

Los éxitos cosechados en las últimas décadas y la eficiencia con la que China ha superado retos inadvertidos, han llevado a gobernantes y gobernados a escribir conjuntamente un nuevo capítulo en la construcción y el fortalecimiento del Estado. El desarrollo vigoroso en la etapa anterior a la pandemia y la firmeza con la que avanza en la etapa actual, rubrican la unión que hay en toda China rumbo a la consecución de las metas nacionales. El PCCh ha endurecido con éxito una resistente amalgama con el pueblo y con todas las minorías étnicas, a fin de materializar una sociedad modestamente acomodada y un país socialista moderno. Ambos caminan tomados de las manos por una meta anhelada por todos: la felicidad del pueblo chino y la construcción de un mundo mejor.

Tanto el XIX Congreso Nacional del PCCh como la XII Asamblea Popular Nacional aprobaron cambios históricos al elevar a un nivel prominente el pensamiento de Xi Jinping sobre el socialismo con características chinas de la nueva era. Es gracias a este que el PCCh ha afianzado con firmeza las decisiones que guían el destino de la vida política del país en el momento actual. Es por ello que la consecución de metas presentes y futuras, así como la materialización de victorias contra enemigos insospechados, demandan la salvaguarda y el liderazgo de una fuerza política que se destaca del resto del mundo por su eficiencia y capacidad para ganar batallas. El Comité Central del PCCh, nucleado por Xi Jinping, avanza hoy más que nunca con renovadas energías y solidez estructural por los sinuosos caminos de la nueva era.

¿Qué es lo que ha hecho del PCCh una institución loable tanto en China como en el extranjero? Sin duda alguna su éxito descansa en reflexiones y autocríticas ininterrumpidas, las mismas que permiten un proceso de perfeccionamiento que redunda, al final, en el progreso nacional y en los niveles de satisfacción del país más poblado del mundo.