FRAGON

En las últimas columnas tocamos la esfera electoral. También el escenario de los suspirantes. Sin embargo, hoy, haremos un obligado intervalo para tocar el asunto de la salud. Una fuente de múltiples temas. El que más lacera es, sin duda, la cuestión del Covid-19.

Resulta fácil para las autoridades, desde sus trincheras, informar a diario de las cifras de contagios, recuperados, las defunciones, etc., etc… ¿Pero qué tal del peregrinar de los familiares que son blanco de esta pandemia? Hay maquillaje al respecto.

Las familias de contagiados por Covid-19 viven un legítimo viacrucis. Se enfrentan a un mundo bastante complicado. Tras ingresar al hospital, tienen que echar mano de fuertes cantidades de dinero para surtir constantemente recetas que contemplan medicamentos especiales para tratar el coronavirus. Escenas que generan escalofríos se pueden apreciar en el exterior de cualquier nosocomio público.

Detallo… MIDAZOLAM (así, con letra mayúscula) es un fármaco que normalmente su precio oscila entre los 250 a 400 pesos. Sin embargo, existen establecimientos que lo surten de mil 200 hasta mil 800 pesos ¡cada caja! Por si fuera poco, el Midazolam está escaso.

Hay que agregar el PROPOFOL: $960 y la Buprenorfina: $480. Además, accesorios como bombas de infusión, llaves de 3 vías, parches/gasas italdermol, ácido ascórbico, sondas foley de silicón de 2 vías, entre otros.

El problema, ojo, radica en que las recetas se deben surtir cada turno médico, es decir, cada 24 horas se cumplen con tres recetas. Si hacemos cuentas únicamente del Midazolam, un familiar paga cada 24 horas un promedio de 14 mil 400 pesos en el supuesto que pidan las 12 cajas en un día. Y que el valor del fármaco se “oferte” a mil 200 pesos cada caja.

Esto no para aquí. Falta agregar el desembolso por el resto de medicamentos. Viáticos y alimentos de los familiares. Amén de las condiciones en que pernoctan. ¿En dónde está el discurso de que los medicamentos serán gratuitos? ¿Y la ayuda económica para familias de nulos recursos? ¡Verborrea!

El martirio para las familias también permea cuando requieren de servicios alternos y se topan con múltiples vivales. El fraude está vigente -sin erradicar- en falsos trámites, medicamentos piratas, renta de oxígeno fantasma, y los engaños en las múltiples “compras” on line que realizan. Eso sí, las redes sociales de las dependencias de salud, lucen con lo bonito de lo bonito…

Mientras estas escenas se replican cotidianamente, hay sindicalizadas del Hospital General de Pachuca que hacen alarde de total influyentismo, según nos cuentan. María Trinidad González Ortíz, se caracteriza por su ausencia en una oficina ubicada en la planta baja del HG. Trini, como se le conoce al interior del nosocomio, se dice ahijada política de la lideresa Sonia Ocampo y la insoslayable complacencia del secretario de Salud, Alejandro Efraín Benítez. Le daremos seguimiento. Al tiempo…