• El accidente en la estación Olivos de la Línea 12 del Metro despertó el morbo de la gente, que observaba la zona del accidente como si se tratara de un espectáculo

Juan Carlos Aguilar

Sobre todo, curiosos, pero también vendedores, periodistas, seudoperiodistas, y hasta hombres y mujeres que suplican al cielo por las personas fallecidas en la tragedia del pasado 3 de mayo, se mantienen expectantes en espera de nuevas noticias.

Unos, los menos, buscan llevar información reciente a la audiencia de sus respectivos medios.

Los demás, la mayoría, sólo desean alimentar su morbo (la desgracia convertida en espectáculo) y, testarudos como son, no se irán hasta obtener algo nuevo, por muy pequeño que sea.

Algunos más desean igualmente saciar su apetito, pero el otro, el que duele en las tripas.

Vendedores de chicharrones, dulces, congeladas, cacahuates, manzanas y tapabocas, todos están ahí reunidos, como si de una verbena se tratara, para hacer su agosto. «Hay que sacar pal chivo», dicen.

Mientras haya suficientes mirones, tampoco se moverán de ahí. El hambre también es testaruda.