• Entre «pausas diplomáticas», posturas «tibias y valentonas», se ha manejado el lópezobradorismo en el ámbito internacional

Judith Sánchez Reyes

El maestro en Derecho, Saúl Ramírez de Arellano, recordó que varios han sido los momentos que han provocado que la mirada del mundo se centre en México: uno de ellos el rompimiento diplomático con el actual gobierno de Perú.

Esto luego de la detención y encarcelamiento de Pedro Castillo, hecho del que López Obrador lo defendió a capa y espada.

México ante los ojos del mundo

Aterrizando en el caso de Perú, Ramírez de Arellano señaló que, pese a que las diferencias – tal parecen irreconciliables con la presidenta Dina Boluarte, el término diplomático «pausa», utilizado por el lópezobradorismo para expresar su descontento hacia algún gobierno o gobernante, es una «mera ocurrencia”, que por fortuna no tendrá ninguna repercusión económica, debido a que este país andino no es un socio comercial fuerte, pues su relación se limita a la que existe en la Alianza del Pacífico, que si bien le ha dado dividendos positivos, no es una alianza estratégica determinante para México, como lo es con Estados Unidos.

El universitario apunta que esta “pausa” en las relaciones exteriores con Perú, ni el mismo presidente la entiende ni explica, “no sabemos en qué sentido va, si se va a dejar de recibir peruanos, si va a dejar de recibir inversiones”.

Si bien tampoco en el ámbito político no habrá mayores consecuencias, ya que cada país seguirá su rumbo, en la esfera diplomática mundial, México quedará “como un país desprestigiado por haber apoyado a un golpista, por haberse atrevido a inmiscuirse en asuntos internos y será a final de cuentas otro episodio negro de nuestra política exterior extraviada”, y al parecer sucederá lo mismo con la invasión a Ucrania, liderada por el presidente ruso, Vladimir Putin.

Hay que recordar que la contradicción en la política exterior de López Obrador de no intervención, se hizo presente en 2019, cuando las elecciones en Bolivia fueron calificadas como fraudulentas, generando protestas y teniendo como resultado la renuncia de Evo Morales a la presidencia, a quien oficialmente le otorgó asilo político en el país, bajo el argumento de “razones humanitarias”.

“Con este hecho deja a un lado la defensa del Estado de Derecho, deja a un lado también la defensa del derecho internacional público para dar paso a la defensa de golpistas, así lo muestra también con el apoyo expresado a la vicepresidenta de Argentina, Cristina Kirchner, que tiene graves problemas legales de corrupción; esa a la que dice combatir el presidente todos los días pero siempre y cuando sea de sus adversarios, la de sus amigos son ataques a la democracia”, comentó Ramírez de Arellano.

El maestro en Derecho Constitucional apuntó que este injerencismo del gobierno de López Obrador en la crisis política que vive Perú, va a ser tomado por la comunidad internacional como una actitud manipuladora y convenenciera, ya que su postura frente a otras situaciones de mayor envergadura, como la invasión de Rusia a Ucrania, simplemente no ha sido definitoria y contundente, sino la ha mostrado entre líneas.

“Los posicionamientos que tome (AMLO) responderán a una coyuntura responderán, a un capricho, pero no a una visión de mediano ni largo plazo. En el caso de Ucrania, México no se ha visto completamente contundente y eso también conlleva a especulaciones, porque recordemos que el excanciller Marcelo Ebrard se dio cita en Rusia y no se dieron  a conocer los acuerdos a lo que se tuvo lugar, entonces eso no es positivo”.

La gran alianza autócrata

Marcela Jiménez Avendaño, Directora Ejecutiva de Save Democracy, organización civil, refiere que la estrategia en materia de política exterior de Andrés Manuel López Obrador es similar a la de aquellos gobiernos autócratas, emanados del Foro de Sao Paulo, en donde básicamente una de sus máximas es vulnerar el poder o controlar otros poderes, como quiso hacerse en Perú.

Explica que la autocracia que se vive en México debe entenderse como un régimen que busca hacerse del poder absoluto, vulnerando organismos – como lo que se quiere hacer con el Instituto Nacional Electoral (INE) -, restándole poder al resto de las instituciones y poderes como el Legislativo y el Judicial, «que todo gire en torno a una sola persona».

Aunque, dice, este pensamiento no es exclusivo de la izquierda, ahí están ejemplos como el del presidente de Estados Unidos, Donald Trump; de Brasil, Jair Bolsonaro; de El Salvador, Nayib Bukele, entre otros gobernantes latinoamericanos.

Sobre la tesis que han manejado algunos analistas de que el apoyo brindado a Pedro Castillo es con la finalidad de que López Obrador tenga un lugar para buscar refugio después su mandato, la internacionalista opina:

“Yo lo veo más como curarse en salud, no tanto hacia buscar protección o refugio para huir él, su familia o sus cercanos. Más bien es provocar escenarios similares a los que planteaba Castillo: restarle poder al Congreso, a otros los poderes e instituciones, con el argumento de que es en aras de la democracia, e ir buscando el respaldo de otros países para evadir responsabilidades”.

Jiménez Avendaño destaca que estos gobiernos cuasi dictatoriales están buscando establecer una tercera alianza, promovida por el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, quien ya entró en funciones, una especie de “hermandad democrática”.

“Esta alianza buscaría situarse por encima de esos bloques que se han hecho, por un lado, el de los autócratas, en donde está efectivamente México, Nicaragua Honduras, Bolivia y Venezuela y, el otro bloque en el que están gobiernos demócratas, impulsado por el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden; entonces Brasil está tratando de hacer esta esta tercera vía por ahí haciendo alianzas de con demócratas, pero de otras regiones, como Pakistán, etcétera”.

Alianza con la que, explica, se pondría fin a esta guerra polarizadora entre autócratas y demócratas, aunque lo interesante es ver si es viable echar a andar un tercer camino en el que se puedan discutir, debatir y aterrizas soluciones a problemas que involucran a estas naciones con características y necesidades diferentes.

“Se antoja interesante, pues no sabemos si estarían dispuestos a ir más allá que buscar un punto neutro, sería echar atrás la polarización y tratar de establecer puntos de acuerdo y de colaboración (…) Habría que ver cómo funciona esta tercera vía brasileña”.

Ambos especialistas coincidieron en que las “opiniones” del presidente Andrés Manuel López Obrador respecto a lo que sucede en Perú y, en otros países,  son intervencionistas por lo que lo más conveniente para el país es abstenerse, sobre todo, reivindicar esa postura “tibia y valentona” a conveniencia y darle el merecido valor a la política exterior de México, pues esa idea del presidente de la República de que “la mejor política exterior, es la interior” da como resultado la falta de visión en esa materia, que tarde o temprano tendrá repercusiones.