Lily Mandujano.

Ante la emergencia sanitaria por SARS-CoV2 el mundo de cada uno de los que estamos en esta situación se han revolucionado muchos mundos internos.

Mi nombre es Lily tengo recién cumplidos 36 años, soy conductora, me gusta el gran título de difusora cultural, madre de una alegre niña de 9 años cumplidos en encierro.

Doscientos sesenta y seis días de aislamiento “voluntario” como lo llaman las autoridades Mexicanas, es imposible no contabilizar los meses con el correr de los días; mi trabajo pertenece en parte en el hoy antes ignorado “Home Office” las restricciones de movilidad son las mismas con las que en primavera.

Nueve meses de cambios y transformaciones, estas fiestas decembrinas no son la excepción y han puesto en práctica la capacidad de adaptarnos, no será sencillo en muchos hogares. La calle no se ve iluminada y el olor a la comida de temporada es difícil encontrarlo, las plazas están con horarios restringidos, el comercio local y muchos pequeños empresarios no pudieron con los cierres y pese sus esfuerzos fuera de los locales se exhibe un letrero que anuncia que se renta, – lo siento verduleros que nos atendieron a domicilio, peluquerías, lavanderías y señor sin nombre de los tlacoyos -. Así como la pérdida de trabajos de todo tipo e injusticias laborales, pérdidas económicas.

El Covid también nos enseñó que dejará muchas mesas vacías para las festividades virtuales, extrañaremos el saludo matutino y las oraciones que nos brindaban, si bien ya no podemos abrazarnos, su presencia física ha dejado un hueco en nuestro corazón. Las demás enfermedades no descansaron y también trascendieron familiares y amigos por cáncer, apendicitis, accidentes terribles o solo su corazón dejo de latir y dieron su último suspiro en brazos de su esposa llegando al descanso eterno, recordándome que hay un hilo de esperanza para todos los que creemos en el romance y el amor más allá de los apegos. Todos me dejan su amor a la vida, cuidado a la familia, responsabilidad social por su profesión y muchas enseñanzas que trataré de compartir, segura de que las llevo conmigo hasta que nos encontremos en otro plano.

En mi casa me siento en la oscuridad a ver las luces que tintinean en el árbol plástico que sale cada 20 de noviembre como parte de una tradición personal, disfruto sus decoraciones alocadas que confeccionamos con telas y reciclaje para lograr que se viera como “El extraño Mundo de Jack” tengo dos compañeros perfectos para acompañarme a mi reflexión mis amados perritos que no saben cómo lamer mí dolor. Nos encontramos en un espacio pequeño que cada día siento más cálido pese al viento frio de la calle, que nos anuncia la llegada de otro cambio de estación, recibimos la primavera en encierro y llegará de nuevo el invierno, en este cambio las lágrimas brotan porque Santa Claus es población de alto riesgo y en muchos hogares igual que los Reyes Magos no podrán visitar hogares, que tal vez ni pan tengan para estas fechas, organizamos la donación de este año para apoyarlos y solo más fuerte lloro por pensar en que no puedo ayudar a estos seres mágicos del todo…

Cuando me encuentro menos pesimista disfruto de la nueva vía rápida que son las diferentes plataformas para trabajar, estudiar, debatir, acompañarnos, yoga, clases extra curriculares y hasta terapia. Disfruto grandes obras de teatro, ballet en Rusia, llevando mi mente a cualquier lugar del mundo sin temor de enfermarme, concentro que las bellas artes nos invitan a la reflexión, de que no hay fronteras para crear, expresar nuestros sentimientos de maneras únicas, fuente de creación de muchas visiones en el mundo y muchas completamente gratuitas por el hecho de comunicar y expandir sus mensajes. Entender que pasamos el tiempo en casa y al disfrutar lo que nos comparten es justo realizar una transferencia bancaría. De igual manera soy una romántica de los libros físicos, adquirirlos de manera digital hace que Kondo la consultora en organización (vea más útiles mis habilidades para escombrar), al transportarnos la literatura a mágicos lugares, al informarnos, ensayarnos, llenarnos de fe y todo lo que puede hacer por nosotros, vale la pena adquirirla por cualquier medio.

Disfrutaré de estas fiestas con la ingenuidad que me característica, al ver las nuevas almas que han nacido y nos transmiten en sus caritas sonrientes credulidad, ver como florece mi hija adaptándose al vivir en un planeta donde puede entrar a comer a un bar y no puede asistir al colegio de manera presencial. Ella está aprendiendo nuevas habilidades: pruebo un nuevo platillo hecho con el bello recetario hecho por mi madre a mano y disfruto de los mejores sabores de pandemia; mi nena es la pequeña maga que después de sus clases virtuales llena la casa con trucos y fantasía. Acompañarnos en estos momentos me mantiene con fe inquebrantable para esperar que 2021 nos permita resignación ante estos meses de temor, desasosiego, perdidas, mostrando la desigualdad social más marcada y descarada que se ha expuesto en un problema global.

Terminaré este año espero tengan todo lo que necesitan, los acompaño empáticamente en sus duelos porque en diferentes niveles muchos podemos decir –Estoy contigo- por primera vez de manera sincera y no solo como fórmula social.

Los abrazo en la distancia.