• La deuda de petróleo de México con Donald Trump, más allá de lo comercial

Miguel A. Rocha Valencia

Donald Trump, no se mide para decir que el gobierno de México está a sus órdenes. Lo ha hecho en varias ocasiones y lo vuelve a hacer al anunciar que apoyará a México con la disminución de producción petrolera urgida por la OPEP para impulsar los precios del crudo al alza.

Una ecuación que se antoja extremadamente rara por sí misma, ya que, en calidades, los petróleos mexicanos son más pesados y de menor precio que los de Estados Unidos. Con ello queda más confuso como pagará México el favor de los 250 mil barriles diarios «cuando esté listo».

El propio Trump advierte que México va a pagar. Y López Obrador no dice cómo.

La «generosidad» del presidente estadunidense no existe, y menos en materia comercial donde utiliza los aranceles para amenazar y agredir a los socios, como ocurrió con México en aquella ocasión del no cierre de frontera a cambio de mejorar las acciones migratorias contra centroamericanos.

Hizo doblar las manos al gobierno de López y lo obligó a apurar la construcción de la Guardia Nacional para detener, confinar y repatriar migrantes.

También obligó a López a un acuerdo mediante el cual, México estará obligado a comprar, cuando se necesario, grandes cantidades de productos estadounidenses, especialmente agrícolas. Cuando eso suceda, el campo nacional caerá en quiebra. Por eso las becas a los sembradores de árboles.

Esta parte del acuerdo no se dio a conocer ni ha sido explicada por las autoridades mexicanas, al contrario, intentó desmentirla, pero Trump lo presumió abiertamente y ya no hubo escapatoria, aunque se minimizó.

Hoy, después del gran error de sentarse a la mesa de la OPEP, es decir, de los grandes, detener negociaciones, levantarse de ella y negarse a pactar la disminución de 400 mil barriles de nuestra producción, fue un pecado capital, que tarde o temprano se va a pagar.

Pero no sabemos qué saldrá más caro, si la nueva deuda adquirida con el benevolente Trump por los 250 mil barriles que ofreció disminuir para compensar lo que México se negó a bajar, o que nuestro país aceptara la baja y mantenerse sin tacha en el acuerdo internacional.

Porque hasta en tanto nuestro gobierno que presume transparencia, pero no la exuda, no nos diga qué se ofreció a cambio de ese apoyo, estará una duda sobre qué fue mejor. Por lo pronto, favor con favor se paga, «business are business».

Eso no va a costar sólo dinero, sino una sumisión, supeditación que nos van a exigir y cuando Estados Unidos, su presidente nos obligue a pagar, será cuando sepamos el tamaño del compromiso.

Es supeditación que va más allá de lo económico y llega a lo político. Una más que debe López a Trump y que habremos de pagar todos los mexicanos.