S&P Global Ratings señala que las principales instituciones financieras del país cuentan con bases sólidas para enfrentar un escenario marcado por bajo crecimiento, incertidumbre y menor inversión.
Los principales bancos que operan en México mantienen una posición financiera sólida, pese al escenario económico complicado que enfrenta el país, caracterizado por un crecimiento moderado, incertidumbre internacional y diversos retos estructurales.
De acuerdo con un análisis de S&P Global Ratings, las instituciones bancarias cuentan con fundamentos suficientes para afrontar los desafíos de los próximos años, aunque el panorama económico podría limitar el crecimiento de la demanda de crédito.
La calificadora estima que la economía mexicana crecerá alrededor de 1 por ciento durante 2026, mientras que para 2027 prevé una recuperación gradual cercana al 2 por ciento.
Uno de los factores que mantiene bajo presión al sistema financiero es la incertidumbre relacionada con la política comercial de Estados Unidos y la revisión del T-MEC, situación que ha frenado algunas decisiones de inversión privada.
A nivel interno, persisten problemas como la informalidad laboral, la inseguridad, una productividad limitada y debilidades en el Estado de derecho, factores que también representan obstáculos para una mayor expansión económica.
Pese a este panorama, S&P estima que el crédito otorgado por los principales bancos mexicanos podría crecer entre 6 y 8 por ciento durante este año, principalmente por el dinamismo del segmento de consumo.
Bancos de importancia sistémica
La Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) considera como instituciones de importancia sistémica local a BBVA México, Santander, Banorte, Citi, Banamex, Scotiabank, HSBC e Inbursa.
Estas instituciones son consideradas relevantes para la estabilidad del sistema financiero mexicano debido al impacto que tendría una eventual crisis en cualquiera de ellas.
Los siete bancos que integran el llamado G-7, sin considerar a Citi, registraron una cartera de crédito neta de 6.2 billones de pesos, lo que representó un crecimiento real anual de 3.58 por ciento.
Asimismo, sus ganancias alcanzaron 121 mil 715 millones de pesos, con un incremento real de 1.7 por ciento respecto al mismo periodo del año anterior.
Morosidad, uno de los principales retos
Especialistas financieros señalaron que uno de los aspectos que deberá vigilarse es el comportamiento de la cartera de crédito al consumo.
La morosidad en este segmento llegó a 3.55 por ciento en junio, por lo que algunas instituciones podrían adoptar medidas para moderar el otorgamiento de financiamiento, particularmente mediante tarjetas de crédito.
No obstante, analistas consideran que los niveles actuales de incumplimiento todavía no representan una amenaza para la estabilidad del sistema bancario y que las instituciones cuentan con niveles adecuados de capitalización y solvencia para enfrentar posibles deterioros.
Banca digital gana terreno
Otro de los cambios importantes dentro del sector es el crecimiento de la banca digital. La incorporación de nuevos bancos completamente digitales podría contribuir a ampliar la inclusión financiera y aumentar la competencia.
Las instituciones tradicionales también han realizado fuertes inversiones en tecnología, con el propósito de reducir costos, ampliar sus servicios y mejorar la atención a sus clientes.
S&P considera que la transformación tecnológica permitirá a los grandes bancos ampliar su cobertura comercial y fortalecer su capacidad para atender a nuevos usuarios.
En paralelo, la captación de recursos por parte de los intermediarios financieros también mostró un avance. Durante el primer trimestre de 2026 alcanzó un equivalente al 38.6 por ciento del Producto Interno Bruto, por encima del 37.1 por ciento registrado un año antes.
El ahorro financiero acumulado llegó a 34.9 billones de pesos, de los cuales alrededor de 80 por ciento correspondió a ahorro interno y el resto provino de recursos del exterior.
Con estos indicadores, los especialistas coinciden en que la banca mexicana enfrenta un escenario exigente, pero mantiene condiciones financieras que le permiten afrontar la desaceleración económica y los riesgos derivados del entorno nacional e internacional.
