Canciller chino Wang Yi en la rueda de prensa, el 24 de mayo de 2020.

Jorge Fernández

  • El mundo necesita un sistema de gobernanza con instituciones internacionales que convoquen y comprometan a la colectividad a ejecutar acciones simultáneas y coordinadas para enfrentar retos globales.

Hay infinidad de temas, tanto sensibles como escabrosos, que la pandemia que nos azota está sacando a la luz. Entre ellos hay uno que quizás por partir de una obviedad no está generando la reflexión que se merece. Nos guste o no, todos somos parte de un mismo planeta, y este, a su vez, atestigua una tendencia globalizadora que vincula la vida y la salud de las personas sin importar su nacionalidad o ubicación geográfica. La pandemia exhibió este punto con notable crudeza y, de igual forma, dejó al descubierto que la comunidad de naciones, pese a las conmovedores muestras de ayuda y solidaridad, no tiene la capacidad para desplegar acciones coordinadas y sistemáticas en momentos de emergencia colectiva.

Las acciones humanitarias han salido a la luz en los momentos más duros del brote, reforzando nuestros lazos con pueblos hermanos y abonando con hechos las asociaciones de amistad entre gobiernos en momentos de necesidad. Y pese a ello, esa preocupación por los demás ha estado marcada tanto por el unilateralismo en las medidas de prevención y control, como por la inexistencia de recomendaciones homogéneas extendidas por los gobiernos a sus ciudadanos. Los consejos extendidos sobre el uso de barbijos o para el cierre de fronteras son algunos de los muchos ejemplos de una galería de movimientos descoordinados. La COVID-19 ha hecho evidente que la comunidad de naciones no ha metido al espíritu humanista en un marco de pensamiento que albergue la idea que el mundo es una aldea global compartida por todos .

Los trabajos diplomáticos de China, así como las propuestas que despliega y presenta al mundo, abarcan estos dos aspectos. En primer lugar, una reforma con base en el consenso de las instituciones que coordinan las relaciones entre Estados. Si la pandemia evidenció la incapacidad mundial para ponerse de acuerdo, con los consabidos desastres económicos y humanos, entonces urge una transformación que mejore la eficiencia y la capacidad de reacción de las instituciones internacionales. En segundo lugar, la construcción de un marco de pensamiento colectivo por medio del cual se interiorice que todos formamos para de una comunidad de destino común. Si la pandemia exhibió el unilateralismo de algunos países en momentos de emergencia, entonces es impostergable la propagación de un concepto que recuerde que nadie puede enfrentar solo los retos que el destino impone a los habitantes de un mismo planeta.

La rueda de prensa presidida por el canciller chino Wang Yi ofreció un marco conceptual para comprender el comportamiento diplomático de China en un contexto mundial de pandemia y emergencia sanitaria. ¿Qué postura asume China ante las voces que pretenden desprestigiar a la OMS? ¿Hay intereses geopolíticos adscritos a la ayuda extendida por China? ¿Qué hará el gigante asiático de cara a un sistema de intercambios que podría tornarse más cerrado? Las respuestas de Wang Yi para explicar la diplomacia china de cara a la COVID-19, a la globalización, a la ayuda a terceros y a la construcción de un sistema de coexistencia pacífica, leídas entre líneas, revelan acciones orientadas a revertir, corregir o ajustar comportamientos generalizados que han conducido a escenarios complicados en los que los intereses colectivos no han logrado materializarse.

El gigante asiático apuesta por una evolución del sistema internacional que eficiente los trabajos en beneficio de todos. El mundo necesita un sistema de gobernanza con instituciones internacionales que convoquen y comprometan a la colectividad a ejecutar acciones simultáneas y coordinadas para enfrentar retos globales. El mundo cuenta con un sistema de gestión mundial surgido con orgullo tras la segunda conflagración mundial y el número de muertes e infecciones causados por el coronavirus nos gritan al oído que las agencias encargadas de la salud no generaron consenso sobre cómo actuar con una sola voz.

La Organización Mundial de la Salud es parte de un sistema global que debe reforzarse con leyes internacionales y macropolíticas. La meta es la transformación orientada a la mejora, y no, por el contrario, el cambio por medio del boicot, el chantaje o la amenaza cuando el resultado de los trabajos no responde a intereses particulares. Para mejorar el sistema de gobernanza global, primero, es necesario robustecer a la ONU y a sus agencias, dotándolas de un aura que imponga respeto y obligaciones en sus miembros.

Hasta el momento China ha extendido ayuda a 150 países y a 4 organizaciones internacionales, incluidas conferencias virtuales para compartir experiencias en el control y prevención de enfermedades infecciosas, además de que ha enviado a profesionales sanitarios a más de 24 países. El gigante asiático extiende su ayuda a terceros sin condiciones adscritas ni a la espera de sacar provechos materiales a posteriori. Esta asistencia parte de principios humanitarios que apuntan a salvar vidas y a garantizar la protección del mayor número de habitantes sin importar región o nacionalidad. Esto es, en un contexto de apertura al exterior, de poco sirve tener las puertas abiertas si las figuras protagónicas que hacen posible asociaciones de cooperación con China han caído en desgracia, están enfermos o carecen de producción. ¡Vivimos bajo un mismo techo!

El éxito de la gestión china para abordar el tema de la epidemia y la ayuda que no ha dejado de extender a diferentes regiones del mundo, hacen concluir a algunos estrategas que el Estado chino está lo suficientemente fortalecido para entrar en confrontación con las grandes potencias a fin de imponer una nueva hegemonía. China, por el contrario, busca eliminar ese sistema en el que solo el más fuerte tiene voz por uno en el que se materialicen los intereses de la vasta mayoría. No busca retar a nadie ni consolidarse como potencia de un mundo en el que el hombre es el lobo del hombre. Busca por medio de iniciativas, como lo es la Franja y la Ruta, incorporar a todos aquellos que buscan realizar sus intereses bajo un sistema equitativo, justo y multilateral. China rechaza el enfoque del desafío y la provocación, y privilegia un sistema que permite el desarrollo común en un entorno de paz, libre de tensiones y de desconfianza.

Las ideas presentadas por el ministro de la cartera de Exteriores, Wang Yi, evidencia que China, con pandemia o sin ella, buscará incorporar a más miembros de la comunidad internacional en un marco de ideas que favorezca la construcción de una comunidad de destino compartido para todos. Esas son buenas noticias ante un escenario postpandemia que está sacando a luz lo mejor y lo peor del comportamiento de los Estados. Así, de cara a futuras amenazas que pendan sobre la humanidad, la eficiencia de las instituciones internacionales para sincronizar esfuerzos coordinados se verá maximizada por el espíritu de ayuda y hermandad albergados por los pueblos del mundo. Los conceptos e iniciativas extendidas por China son poderosos instrumentos en la consecución de esa meta.