Enrique Escobedo
En las relaciones laborales, específicamente en la Administración pública, existen, al menos, siete tipos de renuncia. La primera es cuando el jefe le solicita a un subalterno su renuncia por desconfianza o por ineficaz. La segunda es cuando el trabajador, harto del jefe o del clima laboral o porque tiene una mejor oportunidad de mejorar, presenta su renuncia. La tercera es cuando el jefe y el trabajador acuerdan la renuncia por motivos de promoción y no les conviene tener todos los huevos en la misma canasta. La cuarta es debido a cambios de equipos en las dependencias y entidades, léase, llega un nuevo equipo, necesita plazas y las renuncias no son de carácter personal, simplemente son sustituciones. La quinta ocurre cuando el empleado la presenta sin verdaderas intenciones de renunciar; lo hace a fin de llamarle la atención al jefe de ciertas situaciones o con el propósito de ser considerado y lograr mejores condiciones o aumentos salariales. La sexta es por motivos familiares o de salud; poco creíble, pero puede ser cierta. Finalmente, la séptima ya es más delicada, pues sólo existe en los mandos medios superiores. Veamos, en el sistema político mexicano un secretario de Estado no le renuncia a un presidente. ese gesto es visto como deslealtad. Es el presidente quien solicita la renuncia, ya sea por desconfianza, por desilusión o por conveniencia política ya sea porque el titular de la cartera se va de gobernador o porque su cabeza es el precio que se debe pagar a fin de restaurar equilibrios políticos.
La renuncia de Rogelio Ramírez de la O, a la titularidad de la secretaría de Hacienda, a decir de la prensa, fue motivos familiares. Algo poco creíble. Lo que pareciera ser es un desacuerdo en materia de política económica y las desavenencias entre la política social asistencialista y despilfarradora de los gobiernos morenistas. Fueron notorias las discrepancias en materia de las asignaciones presupuestales a las instituciones públicas de educación superior, el bajo presupuesto al sector salud y la negación de subir impuestos de la presidenta.
También se comenta en diferentes medios que hubo diferencias en la conformación del equipo hacendario. Al parecer el exsecretario quería otros subsecretarios, pero en México, esos puestos no son de los secretarios, sino del presidente. El caso es que la renuncia se hizo pública al día siguiente de la conversación telefónica Sheinbaum-Trump. Lo que también creo sospechas entre periodistas y analistas y políticos y económicos.
Es un poco ocioso saber, al final del día, los motivos del relevo en la SHCP. Lo fundamental es que en poco más de seis años, nuestro país ha tenido cuatro responsables de la política económica. Es decir, un promedio de dos años por secretario. Si a ese diagnóstico le sumamos que, en el mismo plazo, México ha tenido cuatro secretarios de Gobernación y tres titulares de Bienestar; la lectura es que el modelo “transformer” de Morena no condensa.
Es evidente que, hasta el momento, es el único cambio de la gestión Sheinbaum, empero sumo el número de responsables en esas tres dependencias porque es la presidenta quien insiste en el continuismo.
Posiblemente vendrán más cambios y ojalá sean para bien. Por el momento se renueva, más o menos, el equipo de trabajo en la SHCP y ojalá, esa dependencia, en el seno del gabinete económico apuntale en favor de las finanzas públicas sanas y no en favor de la economía ficción. Sobre todo porque el panorama económico nacional y mundial está en la cuerda floja.

