• Las malas palabras de esta semana tienen que ver con la VENGANZA, esa acción que llevada hasta sus últimas consecuencias, deja de ser una reprimenda para convertirse en una conducta aún más perjudicial que la recibida.

Marta Obeso / @MartaObeso 

Durante las últimas semanas y en medio de la pandemia de Covid-19, los mexicanos hemos resentido de manera DRAMÁTICA la CRISIS del Estado de Derecho. Claro ejemplo de esto lo son los LINCHAMIENTOS contra presuntos DELINCUENTES, que lejos de representar un acto de justicia motivado por el HARTAZGO de un colectivo que se asume indefenso, son acciones que confirman la INEFICACIA de los responsables de la procuración e impartición de justicia.

Las víctimas de ASALTOS o de cualquier agresión que va en contra de lo que es legal, cada vez con mayor frecuencia pretenden que sus AGRESORES experimenten el mismo DOLOR e IMPOTENCIA que han provocado.

Cuando esta venganza es alimentada por una serie de EMOCIONES NEGATIVAS, es muy probable que quien ha SUFRIDO el DAÑO, pase a convertirse en un sujeto IMPUTABLE.

Este ARREBATO de querer hacer justicia por propia mano, ha llevado a cientos de víctimas ejercer acciones violentas, ante la creencia de que el delincuente podría aprender y dejar de causar el daño que provoca su conducta delictiva; sin tomar en cuenta que los linchamientos son también actos ILÍCITOS que representan la grave crisis de INSEGURIDAD que se vive.

Tanto ciudadanos como medios de comunicación se fusionan en esta COMPLICIDAD que surge de la TENTACIÓN de querer poner orden y paz en una sociedad CONVULSIONADA, esta catarsis se alimenta del FALSO PLACER que nos puede provocar que nuestro agresor sufra lo mismo que nos ha hecho sufrir.

Al lograr trasladar la AGRESIÓN recibida a nuestro ATACANTE, nos liberamos de ese malestar que nos lleva a reaccionar de manera IRRACIONAL e ILEGAL.

Diversos estudios del comportamiento humano afirman que la “sed de venganza” colectiva corresponde a un impulso instintivo de defensa, en donde lo moral deja de tener peso, para abrir paso a acciones que pueden CRIMINALIZARSE de manera potencial.

Basta destacar que un 20% de los homicidios y el 60% de los tiroteos que se han registrado en centros escolares durante los últimos años, han sido ligados a actos de venganza.

El pasado 2 de agosto en redes sociales se compartió un video en el que se aprecia como los pasajeros que viajaban en una combi, sometieron y golpearon a un sujeto que pretendía asaltarlos.

Analizando el comportamiento de las víctimas contra el agresor, nos queda claro que entre ambos comportamientos no existe mucha diferencia. El gran problema en este tipo de sucesos es que en la actual administración como en las anteriores, las políticas de prevención del delito no han funcionado y, aunado a los estragos de la pandemia por Covid-19, los delitos van en aumento, a lo que hay que sumarle los problemas de DROGADICCIÓN y ALCOHOLISMO, que continúan elevando los actos delictivos en nuestro país.

Es en este escenario en donde la venganza trasciende y convierte al damnificado en el justiciero anónimo que hará pagar al delincuente hasta con un daño mayor al provocado. En medio de este FRENESÍ, la víctima ve justificada la falta de ética y moral con la que busca saciar la impunidad con la que se permite la existencia de MALEANTES.

Igual de PREOCUPANTE es que la inseguridad, es ver la facilidad con la que la horda se transforma en una turba homicida que se fusiona con VIOLENCIA sin control en el triste espectáculo de GOLPEAR hasta la MUERTE al CRIMINAL.

martaobeso@esferanoticias.com