En las paredes de la Facultad de Artes y Diseño (FAD) de la Universidad Nacional conviven por igual los trazos de maestros y alumnos, figuras consagradas acompañadas de las nuevas voces, deseosas de algún día alcanzar el mismo estatus. Entre los murales diseñados por el profesorado, tres han conseguido un lugar especial en el corazón de aquellos que integran la FAD, ubicada al sur de la Ciudad de México, en Xochimilco: Mural en cerámica I y Mural en cerámica II, de Luis Nishizawa; y Apoteosis de Don Manuel Tolsá y las musas románticas, de Gilberto Aceves Navarro.

Conjunción de dos culturas

Luis Nishizawa Flores nació en Cuautitlán, Estado de México, el 2 de febrero de 1918; fruto de la relación entre el japonés Kenji Nishizawa y la mexicana María de Jesús Flores. A lo largo de su carrera se distinguió por una gran pericia técnica y un continuo cruce de las culturas de sus padres.

“Una de las partes más interesantes de su obra es que logró una disciplina de dos grandes culturas: la mexicana y la japonesa. Esto hizo que él tuviera un tema muy complejo e interesante dentro de su desarrollo como artista”, consideró Mercedes Sierra, profesora del posgrado en la FAD y en la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán.

La especialista añadió: “Lo más importante de Nishizawa es que siempre fue una gran persona, un gran docente y amigo. Daba su clase a la vieja usanza, verdaderamente sus talleres incluían esta parte de la formación en técnicas, imprimaturas, en desarrollo, narraciones, en transmitir estos procesos de gestualidad, visibilidad que hacían de sus clases y talleres algo especial”.

No sólo la presencia del Mural en cerámica I y el Mural en cerámica II demuestran la importancia del maestro para la Facultad, una galería en que los alumnos exponen su trabajo lleva su nombre.

“El maestro Nishizawa fue poseedor de una gran técnica, pero no nada más en una sola línea, sino que manejaba el temple, la acuarela, el vidrio, la cerámica, el grabado. Verdaderamente fue un artista completo, integral que perteneció a una parte de la intelectualidad en México como parte del realismo. Tiene extensa obra de caballete, pero también es importante –y por la que igualmente se le conoce– la de su muralismo”, distinguió Mercedes Sierra.

Mural en cerámica I y el Mural en cerámica II destacan, como su nombre lo indica, por haber sido realizados en cerámica a alta temperatura, junto a sus trazos azules y verdes de diversas tonalidades. Para la especialista es un trabajo que demuestra plenamente las habilidades y los intereses de Nishizawa:

“En esta obra lo que vemos es un entretejido que parece emular un petate o un tipo de construcción mesoamericana, de la que siempre el maestro estuvo cerca. Lo que observamos no es una narración o una construcción gratuita, sino el resultado de todo un estudio anterior para conseguir este tipo de proceso más allá de la ejecución en cerámica a la alta temperatura.

“Estos dos murales pertenecen a otro momento de este gran creador, en el que nos dice: ‘bueno, sí, pero hay más allá de solamente retratar otro tipo de arte figurativo’. Tiene un proceso bien planteado, con bases dentro de las culturas latinoamericanas. Está desarrollado a partir de elementos u objetos que reconocemos en los tejidos artesanales de diversas culturas”, agregó.

La investigadora recalcó que sería un error considerar los murales como abstractos, ya que su tema es “más profundo”. Así lo explicó: “Habla del reconocimiento del artista, de su ejercicio y del trabajo de los artesanos.