Era muy niño cuando descubrí que la gente se moría. 

Eso no lo he olvidado nunca; siempre está presente en mí. 

Juan Carlos Onetti 

Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez 

Estimado lector, gracias. Desde que la 4T llegó al poder en el 2018, el presidente de la República Andrés Manuel López Obrador arremetió en contra de los medios de comunicación, periodistas, defensores de los derechos humanos, activistas de todo tipo y sociedad civil en general, esa ha sido la estrategia para bajarle los decibeles a las críticas de quienes no están de acuerdo o realizan una exigencia que el tabasqueño no tiene en su agenda o simplemente no le interesa. 

Desde ahí ha estigmatizado y denigrado, amenaza, perdona y exonera a gusto, utiliza la investidura presidencial para esconder la mano luego de aventar la piedra. El ejercicio de comunicación denominado la “mañanera”, que un inicio fue atractivo, se ha convertido en una pantomima, para que funcione se tuvo que crear una serie de personajes afines que responden al chasquido de Jesús Ramírez Cuevas, atacan y mienten los autodenominados incorruptibles, salen al paso cuando uno de los REPORTEROS pregunta en serio, con el rigor debido. 

En noviembre del año pasado, la activista Silvia Chocarro cuestionó a López Obrador si se comprometía a utilizar, a partir de ese momento, un lenguaje que no estigmatice a los periodistas y su labor, a lo que el presidente respondió que: “Nunca he utilizado un lenguaje que estigmatice a los periodistas (…) Siempre los he respetado a todos, no los veo yo como enemigos, sino como adversarios”. 

Lo más interesante es que sus expresiones quedan plasmadas y están ahí para revisarlas en cualquier momento. Como si no hubiera suficientes problemas como las crisis gemelas que vivimos, la pandemia y la económica, se dan el tiempo para mostrar en su show matutino un análisis de contenido cuantitativo, de quien habla bien o quien lo hace mal en los diferentes diarios de circulación nacional. ¿Cuál es el objetivo? ¿Seguir martirizándose? ¿Seguir con la narrativa de ser el presidente más atacado? 

México es el país más peligroso a nivel mundial para ejercer el periodismo, la nación donde estos crímenes quedan impunes, donde se ha recortado el presupuesto para la protección a periodistas y activistas, en ese contexto es que el presidente ha normalizado pisotear la imagen de los comunicadores porque no hace distinción, todos los que no estamos de acuerdo somos fifís, conservadores, chayoteros, maiceados, una lista de florituras de su ronco pecho que muestra su intolerancia, su poca capacidad para aceptar la crítica. 

Se han hecho varios extrañamientos de organizaciones defensoras de derechos humanos, de libertad de expresión, pero no hay respuesta porque la soberbia los ha vuelto sordos. Un llamado más es el de Jorge Canahuati Larach, presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa, que dijo que “la libertad de prensa está en cuidados intensivos y siendo socavada en un país que lidera el número de reporteros asesinados y donde el presidente Andrés Manuel López Obrador, lanzó una incorrecta estigmatización sobre periodistas y medios de comunicación mexicanos”. 

Al mismo tiempo y de manera coincidente se da una nueva exigencia de justicia para el gobierno de López. Mediante un software desarrollado en Rusia, se recreó un video del periodista Javier Valdez, asesinado cobardemente en 2017, en la imagen, Valdez le exige a AMLO esclarecer su asesinato y el de otros periodistas, así como desapariciones forzadas de comunicadores. 

Estos son dos ejemplos de la libertad de expresión en la que vivimos en los tiempos de la 4T, la tentación de silenciar a los incómodos es muy grande y López ha mostrado su intolerancia mustia. Ahora López es el jefe del Ejecutivo y debe garantizar lo consagrado en la Constitución y generar las condiciones para esclarecer los casos de los asesinados y no convertirse en un porro, eso es respetar la investidura. 

Entre Palabras 

Más de 90 mil muertos por Covid-19. ¿Seguimos siendo ejemplo para el mundo? ¿desde cuándo despachará López Gatell en la OMS? ¿Falló el pueblo bueno? 

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Hasta la próxima.