No hay respuestas finales en la filosofía,
solo preguntas más profundas
Hans Georg Gadamer
Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez
En este mismo espacio hice una crítica al relanzamiento de Acción Nacional, sobre todo porque no hay fondo en ello: solo parece ser un nuevo logotipo, y será el tiempo quien diga si realmente cambiaron, si aprendieron y si hubo relevo generacional. Por ahora, lo que vimos fue a los de siempre, varios de los que fueron funcionarios en los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón. No hay nuevos cuadros; la explicación es sencilla: ha sido y sigue siendo un partido de familias y de cúpulas.
A varios amigos panistas no les gustó la crítica. Tanto así que dos me llamaron para “corregirme”, y uno de plano se enfadó porque, según él, no estar de acuerdo con su oposición es hacerle el juego a Morena. Nada más falso que eso. Como si no existiera la historia, como si no le hubieran fallado al país. De forma distinta, sí, pero qué parecidos resultaron a los priistas y a los morenistas. Como si hubiera que darles las gracias por la docena trágica, esa etapa de corrupción, muerte, arrogancia y personajes sombríos como Genaro García Luna, hoy encarcelado en Estados Unidos por narcotráfico, mientras el michoacano decía no saber nada.
Lo que los panistas deben entender es que no hay relanzamiento posible si las cosas no cambian. Cuántos se hicieron mayores esperando su momento, pero los apellidos de siempre y los familiares de las cúpulas ocuparon las curules, los escaños, los gabinetes en alcaldías, presidencias municipales y gubernaturas. Solo se les dio paso a unos cuantos, y solo donde hubo conveniencia.
En una política de partido hegemónico —y vaya que la conocemos con los priistas— no hay espacio para los partidos que viven de viejas glorias, ni para los que prometen un país mejor cuando ya fueron gobierno. Es cierto, las cosas van muy mal ahora, pero nunca fueron realmente bien con ellos. Algunas funcionaban, sí, pero hoy deben conquistar al electorado con más que saliva, porque muchos siguen bajo el encanto de los programas sociales y creen que son los guindas quienes los dan, no los impuestos de todos.
Volver a conectar con la sociedad no será fácil, menos cuando no estaban acostumbrados a caminar las calles, a hacer territorio ni a ser empáticos con los gobernados. Varios panistas sensatos piensan que debe haber menos relanzamientos y más autocrítica; enfrentar su realidad, porque hoy solo gobiernan en cuatro estados, tienen 21 senadores, 71 diputados y 227 municipios.
Desde 2012, cuando perdieron la Presidencia, no han estado ni cerca de recuperarla. En la elección federal de 2024 obtuvieron 9.6 millones de votos, en contraste con los cerca de 16 millones con los que ganó Fox en 2000 y los casi 15 millones de Calderón en 2006. Lo peor: siendo partidos antagónicos, el PAN y el PRI fueron en alianza el año pasado, y los barrieron con los 33 millones de votos que le dieron el triunfo a Claudia Sheinbaum.
Así que la tarea es complicada. No es cuestión de suerte, sino de trabajo; de ofrecer propuestas cumplibles, de quitarse el estigma de corrupción que ya traían y que López se encargó de tatuarles para dejarlos marcados. La política requiere convicción, resultados, credibilidad y ellos no los tienen ahora. No se trata solo de maquillaje… pero mejor ahí la dejamos.
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Hasta la próxima.
