La capa de ozono es un ejemplo importantísimo 

 de un problema global que se pudo resolver con éxito. 

Mario Molina 

Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez 

Estimado lector, gracias. La triste noticia corrió ayer y se confirmó en las redes sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, el ganador del premio Nobel de Química 1995, había fallecido de un infarto. Este personaje siempre estuvo más allá de la política y de los partidos, se refugió en las universidades y levantaba la voz cuando era necesario, también fue asesor en ciencia del presidente de los Estados Unidos Barack Obama, reconocido a nivel internacional, siempre gustó de enseñar, sin falsas modestias. 

Qué curioso que este deceso se diera en el marco de la desaparición de 109 fideicomisos y fondos, entre los cuales estaban destinados los apoyos a la ciencia, a institutos, a investigadores nacionales y extranjeros, a la tecnología, a la conectividad. Esos son temas de primer nivel en países desarrollados, por eso son potencia, saben que no es un gasto, que no son apoyos, sino una inversión que a mediano plazo genera dinero y bienestar para sus sociedades. 

Aunque tenemos a instituciones como la UNAM y el IPN, que siempre sacan la cara y generan investigación, ciencia y tecnología, deberían de tener inyección de recursos, sus investigadores tienen que salir del país para seguir su carrera y solo unos cuantos son los que regresan, porque fuera encuentran el valor que no se les da, o simplemente lo mejor para sus carreras, nadie los puede culpar. 

La realidad es que este tema ha sido de segundo o tercer nivel en la agenda de los gobiernos y del Legislativo, la mayoría son ignorantes en esos temas y por ese simple hecho no les interesa o porque electoralmente no es vendible. Ahí están las acciones de esta administración y del mismo López Obrador que ha tachado a los científicos de neoliberales, desmantelaron la Agencia de Noticias de Conacyt, colocaron a una “científica esotérica” (disculpen la barbaridad) en la dirección, ahí están las declaraciones de la comunidad científica. 

El 8 de agosto del 2018, unos días antes de que López Obrador llegara a la presidencia, Mario Molina, recomendó continuar con el apoyo al desarrollo de la ciencia, tanto básica como aplicada, así como al sector educativo, alertó que México es un país vulnerable al cambio climático, por lo cual se debe asegurar el cumplimiento de los convenios internacionales en la materia, como el Acuerdo de París, y mantener su papel como líder entre las naciones en desarrollo en esta área. 

Desde que Mario Molina ganó el Nobel de Química en 1995 y el PRI era gobierno con Ernesto Zedillo Ponce de León, también pedía más presupuesto para la investigación, lo mismo pasó con Vicente Fox, Felipe Calderón, Peña Nieto y López Obrador, fieles a los discursos políticos lo prometieron, pero no cumplieron. Fox dilapidó los excedentes petroleros, Calderón un gasto inútil en festejos insípidos por el bicentenario y un monumento a la corrupción como la Estela de Luz, Peña su insultante corrupción y López con sus faraónicas obras y su apuesta por el petróleo. 

Esos recursos bien se pudieron utilizar en ciencia y tecnología, no ser dependientes de otros países. Pero nuestros políticos ignorantes de esos temas nunca escuchan a los que saben, ignoraron las propuestas energéticas y las peticiones de Molina, festejan la desaparición de los fideicomisos y se dan golpes de pecho mandando esquelas. 

Así los tiempos de la 4T, de los hipócritas, de los superiores morales y cuidado, si por ellos fuera estaríamos en la baja edad media, a merced de un rey que le habla Dios. 

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Hasta la próxima.