Arturo Suárez Ramírez /@arturosuarez

Estimado lector, gracias. Sin lugar a dudas, a las 6:37 de la mañana de este viernes en la Ciudad de México se terminó por resquebrajar la política de seguridad pública que intenta aplicar el presidente López Obrador que reza “abrazos y no balazos”. Un comando fuertemente armado del cártel jalisco nueva generación (en minúsculas), atentó contra la vida del secretario de Seguridad Ciudadana, Omar García Harfuch, en el lugar murieron dos escoltas y una mujer de 22 años que iba a su trabajo, esa es la capital del país.

Durante los sexenios de Marcelo Ebrard y Miguel Ángel Mancera, se negó sistemáticamente la presencia de los grandes cárteles operando en la Ciudad, pero las denuncias estaban ahí y la evidencias también, fue sólo hasta la llegada de Claudia Sheinbaum, que a regañadientes se aceptó la presencia de grupos delictivos de tal envergadura y lo que había sido un oasis en la República, poco a poco se vio mermado por la irrupción de estos y convirtieron a la ciudad en un centro de operaciones.

Lo sucedido en las Lomas de Chapultepec, representa un desafío y una declaración de guerra para el Gobierno Federal, porque aquí reside y el de la Ciudad de México, más allá de intentar ocultar o minimizar los acontecimientos, o de repetir una y otra vez que el culpable es Felipe Calderón por desatar la guerra contra el narcotráfico -que por supuesto tiene responsabilidad-, deben aceptar el fracaso de la política de los “abrazos y no balazos”, los sicarios tiran a matar con armas que destrozan el cuerpo de una persona.

También es verdad y el presidente tiene razón al intentar reconstruir el tejido social y arrancar a los más jóvenes de las garras de los reclutadores del crimen, pero eso lamentablemente va a tardar varios años y para que se pueda lograr no basta repartir dinero ¿y… mientras tanto qué hacemos?

Si se ha militarizado el país como lo ha hecho López, pues se le deben exigir resultados, poner a trabajar a la Guardia Nacional y que cumpla su objetivo original para lo que fue creada y dejar de hacerle el trabajo sucio a la migra, dejar de corretear a los indocumentados que buscan llegar a EU e ir por los delincuentes.

No se debe perder de vista los mensajes erróneos que se mandan desde el Ejecutivo, por un lado, saludar a la madre del narcotraficante que fue el más buscado, Joaquín Guzmán Loera. Por otro, se deja ir, así, sin más ni más a Ovidio Guzmán, heredero del capo y después quieran aplausos, abrazos y porras, pero nada de críticas.

Este hecho condenable debe obligar a todos los actores del gobierno, políticos y sociales a cerrar filas, pero el llamado debe venir desde Palacio Nacional, en medio de la tragedia se le abre una nueva posibilidad al presidente para que deje el discurso de odio y división, porque hay enemigos en común que son los cárteles de la droga. Es momento presidente, y usted tiene la última palabra, porque enfrentar al crimen organizado con ocurrencias y sin estrategia es suicida.

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Hasta la próxima.