«Hay que soportar la imperfección solitaria

en todo momento, en cambio,

no es necesario soportar

la imperfección compartida.»

Franz Kafka

Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez

La destrucción del presidente López Obrador es evidente sobre los organismos autónomos, le duele y no le gusta la fiscalización y menos la transparencia, aunque en el discurso mañanero se diga otra cosa, basta echar un vistazo a sus acciones y estado que guardan las instituciones que dicho sea de paso siempre son perfectibles.

Desde que ganó la presidencia y la mayoría en las Cámaras quedó claro que el Ejecutivo sería el poder de los poderes, el regreso al presidencialismo más rancio, pero ahora llevado al extremo y escondido detrás de los uniformes militares. Así los diputados se portaron sumisos, vaya no se esperaba que votaran en contra de las iniciativas del Pejelagarto, pero sí qué hicieran su trabajo y fueran legisladores, pero quedó claro que no, cuando sin leer, sin analizar pasaron las iniciativas del presidente López Obrador y sin cambiarle una coma.

Los opositores no tuvieron de otra más que aguantar, los que quisieron sacar la cabeza pues les pasaron la factura de su larga estela de corrupción como al tal “Alito” Moreno Cárdenas y sus correligionarios, los panistas prefirieron retraerse y que pasara el tiempo, mientras el Legislativo estaba a los pies del tabasqueño.

Que decir de organismos como la Comisión Nacional de Derechos Humanos que quedó en manos de una fanática de López y que ha brillado por su ausencia. En el INE lograron imponer a sus alfiles. Al INAI lo paralizaron por meses.

Ante esa estrategia para quedarse con todo, el último reducto de autonomía de poderes se convirtió la SCJN a la que han querido destazar, primero con la ampliación de mandato de Arturo Zaldívar que causó mucha polémica y la presión social lo hizo no aceptar. Luego el caso de la ministra Yasmín Esquivel que quiso ser presidente y la alcanzó el pecado del plagio. Hoy los hilos de comunicación están rotos entre el Ejecutivo y el Judicial y ni las llamadas se toman porque así lo ha querido el mismo presidente de la República.

En ese marco y cuando hay controversia por la desaparición de fideicomisos que afecta a los trabajadores y la consigna de que se gane la mayoría en las Cámaras para que los ministros sean electos a voto directo en las urnas, Arturo Zaldívar renunció y se va a la campaña de Claudia Sheinbaum, quiere seguir en la vida política del país.

Zaldívar ha sido acusado, en reiteradas ocasiones, de ejercer su cargo a favor de los intereses políticos de López Obrador. Un ejemplo es su postura en el caso de la reforma eléctrica, en la que la SCJN falló a favor de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), empresa estatal que está controlada por el gobierno.

También se destaca su papel en la liberación de Alejandra Morán, quien fue acusada por el titular de la FGR, Alejandro Gertz, por su presunta participación en la muerte de su hermano, así como en la liberación de reclusas en Santa Martha que llevaban años sin recibir sentencia. Aunque hay otros casos controvertidos aún pendientes, como los de Wallace y Vallarta.

Ni las formas guardaron, todavía no le aceptaba la renuncia López y con Sheinbaum ya había reunión, Zaldívar se convirtió en un peón del presidente… pero mejor ahí la dejamos.

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Hasta la próxima.