Martha Yolanda Mosqueda Penilla

Presidenta de la Cámara Nacional de la Mujer

No es un “techo” de cristal el que impide el ascenso jerárquico en las empresas. Es un conjunto de factores o laberintos multifactoriales que no detectamos. Algunos de ellos son nuestros “fantasmas”.

Se trata de valores subjetivos como emociones, impresiones o percepciones personales que influyen en su desempeño profesional. También lo son actitudes paralizantes de no merecimiento y renuencia a ser reconocidas.

Sin embargo, las nuevas teorías de liderazgo valoran positivamente las habilidades que tenemos las mujeres de relacionarnos y generar empatía. De hecho, tendemos más a ejercer una dirección transformacional que coercitiva. Aunque eso es maravilloso en teoría, en la vida real coexiste un peligroso rasero: se tilda de demasiado agresivas a las mujeres ejecutivas o se les desdeña por no poseer “don de mando”.

Así, si las mujeres muestran el perfil tradicional femenino encuentran aprecio, pero no respeto, por su escasa asertividad e insuficiente autoridad. Cuando adoptan modelos masculinos de liderazgo son respetadas, pero se las tacha de poco femeninas, se las considera frías y dominantes. La mujer con aspiraciones de poder, entonces, se enfrenta a la necesidad de ser competitiva sin provocar rechazo.

Al mismo tiempo, las mujeres aprendemos a optimizar nuestro tiempo, y las políticas de recursos humanos ponen en marcha medidas para ajustar las necesidades de las organizaciones y sus profesionales femeninas, a pesar de que aún quede la sensación de que hay mucho por hacer. Los cambios generan un estado de ansiedad que repercute en el ámbito laboral. Entre las grandes innovaciones de nuestro tiempo aparece la digitalización que afectará al menos uno de cada puesto de trabajo a nivel mundial.

¿Podremos sobrellevar las innovaciones y soportar además los prejuicios de género que coexisten en las distintas industrias y sectores económicos?

Hoy, más que nunca, la negociación en la pareja adquiere gran importancia para conseguir un equilibrio adecuado entre sus miembros.

Hoy aparece un nuevo tipo de mujer que conjuga vida familiar y éxito profesional. No en vano, a nivel mundial ya se rebasó el 30% de las mujeres en alta dirección de empresas. En México felizmente, y pese a la pandemia, es el 37%.

Ante tales logros, es importante visibilizar las actitudes que nos cierran oportunidades de felicidad y desarrollo profesional. Debemos exterminar los fantasmas del miedo y la incertidumbre, erradicar en nuestras acciones los prejuicios y esas voces lejanas y peligrosas de que “la vida fuera de casa no es donde construyen el éxito las mujeres”.

Visibilizar el éxito y empoderamiento femenino es una tarea que debemos realizar todos.