Carlos Ramos Padilla

Lo que escuché: durante la ceremonia de entrega de los Premios Pages, Luis Téllez tomó el micrófono como presidente del Club de Industriales y dejando a un lado un texto previamente redactado se obligó a improvisar por la catástrofe en Acapulco.

Hizo gala de memoria y señaló que cuando el huracán Paulina impactó a Acapulco (reconociendo por cierto una cifra de 300 muertos con vientos de 215 kms/hora) el pdte Zedillo y parte de su gabinete se encontraban de gira oficial por Francia y Alemania. Zedillo reunió a sus colaboradores y por unanimidad decidieron regresar de inmediato a México.

“El presidente inauguró entonces el vuelo Hamburgo-Acapulco”. Ahí, en el puerto, el mandatario se estableció por semanas coordinando esfuerzos, ordenando, instruyendo, vigilando, auxiliando, sancionando. Llamó a industriales, hoteleros, comunicadores, inversionistas, ambientalistas, urbanistas, partidos políticos, empresarios, banqueros, aseguradoras, sacerdotes, Cruz Roja, Ejercito y Marina y todo aquel que se esforzará por auxiliar a Acapulco que tardó, preguntó Téllez a José Ángel Gurria, ahí presente, para confirmar, de tres a cinco años”.

Lo que vi: En aquel octubre de 1997 decidí transmitir los noticieros de Radio 13 desde la zona colapsada y pedí a Gustavo Méndez Tapia (QEPD)me acompañará. Fuimos a la zona de la Laja y Palma Sola allá, arriba en la sierra donde el río Camarones había arrasado con su fuerza todo, gente, autos, viviendas, parques, templos, tiendas, para arrojarlas como desperdicio en la bahía e inundar un paso a desnivel en la Costera y dañar a la zona del Papagayo.

Allá en donde la gente vivía sobre rocas, en casa de cartón, comiendo hierbas y fruta por la extrema pobreza me encontré al entonces director del ISSSTE, José Antonio González Fernández que sin importar su riesgo personal se introducía en los departamentos invadidos por toneladas de tierra, producto de deslaves, para encontrar y auxiliar a personas. Siempre eficaz y certero en contraste con la altanería y soberbia del vocero Lerdo de Tejada.

Vi a Julia Carabias Lillo, secretaria de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca en caminos y áreas devastadas desafiando tiempos y talentos para valorar daños y recuperar terrenos. Pero Acapulco no es la Costera, Zedillo se trasladó a la colonia Renacimiento. Se introducía en casas, hablaba con la gente, comía con ellos, tomaba notas y actuaba.

Vi cómo solicitó una pala y una carretilla para arremangarse la camisa y retirar despojos de la vía pública. Ahí el secretario de la Defensa, Enrique Cervantes me llamó, me colocó sobre un montículo de grava, mezclada con cemento, tierra y arena y mientras Zedillo atendía peticiones me explicaba los operativos militares.

Sin darme cuenta me fui hundiendo en el montículo, con el calor y el sol el material se solidificó. Muy hábil el General me invitó a dar unos pasos, no pude, estaba atrapado y entonces me señaló: “ahora entiende por qué la gente no pudo escapar de sus viviendas”?
Lo que me dijeron: En conversación con José Monroy Zorrivas con fuerza y claridad me confió : “en estos momentos AMLO debería estar coordinando a los esfuerzos de los 3 poderes de la unión y tomar el control de la reconstrucción de Guerrero.
Lo que ocurrió: El presidente montó un show en un jeep del ejército como lo hizo en el AIFA haciendo creer que viajaba en un tren que prometió y aún no existe.

Uso la mañanera para atacar a medios y a Loret y tomó el tiempo de la nación para hablar de su popularidad mientras hay una evidente falta de información oficial y contacto con los medios de comunicación. Consecuencias: Acapulco devastado, sin seguridad, con autoridades ausentes, con robos, rapiña y saqueos y con la enorme decepción de una sociedad que duda en donar porque los víveres enviados son empacados en cajas con el sello del gobierno para fines político/electorales.