Ivette Estrada

A medida que aparecen más avances en la Tecnología de la Información y la tecnología, aumenta el valor de las competencias esencialmente humanas, como la capacidad de contar una historia.

El relato no sólo permite la transmisión de creencias y costumbres, es la materia que edificó ritos y la columbra vertebral de la mitología, también el alma de la sabiduría de todos los pueblos y tiempos y una herramienta perfecta de seducción.

A través de los relatos se construyen ciudades, héroes e imperios y se materializa la reputación y la riqueza. Hoy, una historia es una herramienta estratégica de la mercadotecnia y elemento esencial en la construcción de marcas.

¿Por qué es tan poderosa una historia? porque las palabras venden y al cerebro humano lo atrae la claridad que conlleva un buen relato. El poder de la historia se incrementa inmensamente si contiene información de cómo sobrevivir, tanto en sentido literal como figurado. Sobrevivir es lo único que no soslayamos.

Necesitamos historias que nos ayuden a sobrevivir y prosperar. Todas las grandes historias giran en torno al tema de la supervivencia, ya sea física, relacional, emocional o espiritual. Una historia sobre cualquier otro tema no logrará captar la atención de nadie.

Así, la gente busca marcas que las ayuden a sobrevivir o prosperar y la comunicación debe ser sencilla. La clave es convertir el mensaje de la marca en algo que ayude al cliente a sobrevivir, y hacerlo de tal modo que la gente lo pueda comprender fácilmente. La herramienta más potente que podemos utilizar es una historia.

Los ingredientes esenciales para construirla son:

  1. Identifica una ambición necesaria.
  2. Detectar obstáculos para lograr tal objetivo.
  3. Generar un plan para sortear los escollos. ¡Y aquí aparece nuestra marca!

La narrativa que sale de una empresa debe ser clara. En una historia, el público debe saber en todo momento quién es el héroe, cuál es el deseo que alberga, a quién debe derrotar para conseguir lo que desea y las implicaciones negativas de no generar esa misión o fracasar en ella, pero también la percepción muy clara de todo lo que se ganará al triunfar.

Todas las historias se reducen prácticamente a un personaje que desea algo, el problema que lo impide conseguirlo, un guía que le da un plan y lo incita a actuar y la importancia de la misión: lo mucho que ganará al concretar exitosamente la misión y todo lo que puede perder si no genera la misión o si fracasa en ella.

Las historias de las marcas y empresas también son así y fácilmente pueden representar el papel de héroes porque crean puestos de trabajo, ofrecen a sus colaboradores una comunidad, permiten que otros desplieguen sus talentos y dones, confieren un poderoso sentido de vida a sus públicos y generan misiones que confieren a los demás dones como valor, salud, riqueza, honor, bienestar, belleza…

El simple esquema del héroe con una misión, el problema para lograrla, la resolución o plan para triunfar y la importancia de lo que se gana y se pierde en ella tiene los dos elementos para generar una buena historia: un plan de sobrevivencia y claridad.

Esta es la sencilla fórmula para que nos escuchen en nuestros mercados, para que el negocio crezca y permita que las vidas de los clientes se transformen. En las buenas historias, vale remarcar, los héroes ganan siempre.