·        La ONU calculó que 2.1 millones de personas viven sin agua potable en sus hogares, una de cada cuatro escuelas primarias no la tienen, más de 700 niños menores de cinco años mueren diariamente a causa del agua insalubre o con saneamiento deficiente 

BLAS A. BUENDÍA

Reportero Free Lance

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Interesante y profundo panorama político-jurídico es el análisis que el magistrado Élfego Bautista Pardo, abordó en su espacio Así es el Derecho, sobre la importancia histórica que sigue teniendo el uso y consumo del agua, no solo en México, sino en el resto del mundo.

Esta es su tesis:

El pasado 22 de marzo se celebró el Día Mundial del Agua, instituido en junio de 1992 por resolución de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo como medio de llamar la atención sobre la importancia del agua dulce y la defensa de la gestión sostenible de ese recurso.

La trascendencia estriba en su utilidad para la concientización social respecto de problemas de importancia general, así como un llamado a los Estados del mundo a implementar políticas y acciones para atenderlo.

Sin agua, ninguna forma de vida es posible; es esencial para el ser humano y su desarrollo, incide en la reducción de la pobreza, el crecimiento económico y la sostenibilidad ambiental, pero nos encontramos que es recurso limitado: 70 por ciento de la superficie terrestre es agua, y de ésta sólo 2.5 por ciento es dulce, de la cual sólo 0.3 por ciento es agua superficial, la gran mayoría se encuentra en depósitos subterráneos; tiene un ciclo que le permite sanearse (biodegradación de desechos), pero lo alteran las actividades humanas, como la industrialización, la deforestación y el crecimiento de zonas urbanas.

La distribución del agua es heterogénea: mientras hay zonas en las que su presencia es vasta, en otras escasea y constituye factor de desigualdad, pues su presencia o no en una comunidad afecta a la seguridad alimentaria y energética, a la salud humana y al medio ambiente. Muchas comunidades carecen de abastecimiento seguro de agua potable, que llegue a las viviendas permanentemente y libre de contaminación.

En pleno siglo XXI hay millones de personas que viven todavía sin ese servicio en el hogar, la escuela, el lugar de trabajo o la granja, y su lucha por sobrevivir y prosperar es más dura.

Además, en diversos lugares del planeta todavía existen grupos marginados y discriminados cuando intentan conseguir y gestionar el agua potable que necesitan, esto pese a que hoy el acceso a ella es considerado derecho humano, esencial para el pleno disfrute de la vida y de los demás derechos humanos.

Por ese derecho humano se entiende la posibilidad de toda persona, sin discriminación, a disponer de agua suficiente, segura, salubre, aceptable y accesible para consumo, saneamiento, preparación de alimentos e higiene personal y doméstica.

El artículo 4º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos -que es la rectoría del Estado, el Pacto Federal y/o la Carta Magna-, establece que por su condición de derecho humano el acceso al agua debe ser garantizado por el Estado, el que definirá las bases, apoyos y modalidades para el acceso y uso equitativo y sustentable de los recursos hídricos, con participación de los tres niveles de gobierno y la ciudadanía.

Pese a disposiciones jurídicas e intenciones gubernamentales para hacer efectivo ese derecho humano, la realidad es que el acceso al líquido es problema a escala mundial.

La ONU calculó que 2.1 millones de personas viven sin agua potable en sus hogares, una de cada cuatro escuelas primarias no la tienen, más de 700 niños menores de cinco años mueren diariamente a causa del agua insalubre o con saneamiento deficiente, 68.5 millones de personas se han visto obligadas a huir de sus hogares para poder disponer de agua potable; además, el costo económico para acceder a ella suele ser mayor para los más pobres.

Los habitantes de la Ciudad de México, constantemente padecen escasez de agua, problema que persistirá mientras no cobremos conciencia de la necesidad de usarla racional y racionadamente, es decir no desperdiciarla, controlemos la densidad demográfica de la capital del país y le demos la importancia y cuidado que necesita.

Podemos comenzar con acciones tan simples como cerrar la regadera o la llave mientras nos enjabonamos el cuerpo, o la cara o las manos; lavarnos los dientes con un solo vaso con agua; usar poco detergente al lavar la ropa o trastes, y atender las fugas, para lo cual se puede solicitar el servicio gratuito de plomero a la alcaldía que nos corresponda.

Aunque el acceso al agua es derecho humano, el cuidado de ella no sólo depende del Estado y los mecanismos que implemente para mejorar su captación, distribución y uso, requiere también nuestra participación disminuyendo el con­sumo y cuidándola, siendo conscientes de su vital importancia.

“Así es el Derecho”, puntualizó el Magistrado Élfego Bautista Pardo, titular de la Quinta Sala Civil, Ponencia 3, del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México.