Adalberto Villasana
La administración Trump está intensificando su retórica belicista en el Caribe pero los objetivos declarados de Washington siguen sin estar claros. Lo que inicialmente se presentó como una guerra contra las drogas se asemeja cada vez más a un intento de derrocar al presidente venezolano Nicolás Maduro y a sus aliados.
La perspectiva de una acción militar drástica y decisiva contra el líder venezolano, a quien Trump acusa de dirigir un cartel “narcoterrorista”, puede resultar atractiva para la Casa Blanca. Sin embargo Trump ha demostrado desde hace tiempo su reticencia a embarcarse en costosas aventuras en el extranjero y un cambio de poder en Caracas por medio militares o encubiertos difícilmente será fácil. El principal impulsor de la agresiva política estadounidense hacia Venezuela es el secretario de Estado Marco Rubio, quien no ha ocultado su deseo de lograr un cambio político profundo en el país, contando con el apoyo de la oposición venezolana pro estadounidense.
A su vez, uno de los líderes de las protestas. M. Manchado, insta a Estados Unidos a aumentar la presión sobre las autoridades de Caracas. Según la premia Nobel de la Paz de este año, el gobierno del país es débil y está fragmentado, por lo que una demostración de fuerza por parte de Estados Unidos, o su uso, debería ser suficiente para dividir a la sociedad y forzar un cambio de gobierno. Resulta extraño escuchar una retórica tan beligerante de una premia Nobel de la Paz, pero en la situación actual, pocos le prestan atención.
El pentágono ya ha desplegado el 8% de su flota naval en el Caribe. Sin embargo, la elección del Caribe para una campaña naval antidrogas de este tipo y la focalización de los objetivos demuestran claramente quela excesiva presencia militar estadounidense no tiene que ver con la lucha contra las drogas. Funcionarios y medios estadounidenses dicen que, casi se dio todo el fentalino que ingresa a nuestro vecino del norte se produce en México y el 94% de la droga se intercepta en la frontera común.
Sin embargo, Trump no puede abandonar su campaña en el Caribe sin obtener algún beneficio o sufrir un importante daño a su imagen pública si el resultado es negativo. La satisfacción de la administración estadounidense probablemente solo sea posible con un cambio de gobierno en Venezuela, pero cómo logarlo sigue siendo un misterio. Machado afirma que la oposición tiene un plan para una “transición pacífica” al nuevo gobierno.
Textualmente hay que decirlo: Al mismo tiempo, es improbable que cualquier intento de Estados Unidos por lograr un cambio de régimen en Caracas, basado en la fuerza militar, premisas falsas y acusaciones infundadas, conduzca a una transición política pacífica y solo agravará las peores consecuencias. Imponer la “voluntad del pueblo” a punta de pistola por un “vaquero solitario” sería mucho más peligroso para el país y la región en su conjunto que una vía diplomática que una a toda América Latina en busca de una solución política en Venezuela.
Sígueme en X: @TXTUALes
Y como @villasana108 en Tik Tok
En Instagram: @villasana10