¡Miente Jiménez Espriú!

¿Qué pasa en el gobierno? Cuando no mienten, descalifican, ofenden y desprestigian con tal de imponer su verdad.

Miguel A. Rocha Valencia

Tal es el caso del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, donde insisten en festejar su “entierro” y con ello las pérdidas económicas., políticas y de prestigio que ocasiona al país la decisión.

Insisten en que esa, la de Texcoco no era la mejor opción y le buscan alternativas a Santa Lucía incluso con proyectos viejos y ya desechados por la consultoría Mitre, como es el caso de Tizayuca donde sería la quinta parte de la superficie y serviría sólo para unos cuantos años.

Y como por ahí ni siquiera encontraron datos ciertos de corrupción que justifiquen la cancelación del NAICM, ahora sale el secretario de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú con que las pérdidas derivadas de esa cancelación, es mínima “menos de 100 mil millones de pesos”, curiosamente cifra parecida a lo que dice el presidente López Obrador que se han ahorrado en gastos del gobierno federal.

Empero, Jiménez Espriú miente, ya que con todo y ser “tontos”, los que sí saben hacer cuentas afirman que tan sólo por los seis mil millones de dólares en bonos son 120 mil millones de pesos más intereses para ajustar a no menos de 130 mil millones de pesos, más los 34 mil millones de la fibra E y los 20 mil con sus intereses de Banobras.

Todo eso más los contratos que debe cancelar con las diversas empresas constructoras y de mantenimiento. Dinero que será tirado a la basura y que pagaremos todos los mexicanos.

Pero tampoco cuenta los miles de millones de pesos que se perdieron en la Bolsa de Valores, las pérdidas en inversiones por venir y sobre todo la secuela de desconfianza hacia nuestro país dada la forma de tomar decisiones ya sea por ocurrencias o derivadas de opiniones del “pueblo sabio” que encarna el propio López Obrador.

O sea hay un cuantificable de casi 200 mil millones de pesos perdidos y que se transforman en deuda y una cantidad similar por no utilidades o caída de valores y en calificaciones internacionales que encarecieron nuestro débito y todo aquello que ya no llegó, por lo mismo.