• Promesas anticorrupción y transparencia, resultaron argumentos falsos para ganar el poder

Miguel A. Rocha Valencia

Después de tantas mentiras, verdades a medias, otros datos y “reservas”, difícilmente se puede creer en el “machuchón” de la cuatroté, que, sin recato, vuelve a golpear a los medios por descubrir todo lo que pretende ocultar. Además, existen evidencias palpables de la gran corrupción que le rodea incluyendo familia, amigos, colaboradores, miembros de los poderes Legislativo y Judicial.

Así las cosas, no es raro que alguien ponga en duda el presunto contagio por SARS-CoV-2 y la milagrosa recuperación del mesías tabasqueño, quien abiertamente desacata y con ello da el mal ejemplo respecto a una de las principales medidas para evitar contagios: el uso del cubrebocas.

Y no lo hace, porque “sus” médicos le dijeron que él, no contagia, recordando que ya una vez Hugo López-Gatell le otorgó una fuerza moral que lo caracteriza y de la que carecemos todos los demás mexicanos.

Esa fuerza que lo lleva a ocultar información, acusar a los demás de corruptos mientras sus hermanos, cuñadas, hijos y nuera, se llenan los bolsillos con dinero de dudosa procedencia o inexplicable para sostener campañas políticas, hacer negocios, construir empresas, y hacerse de concesiones públicas, pero por asignación privada y directa.

En la Cuarta priva aquello de que, hacia adentro, no existen testigos, todos son cómplices y se despachan los dineros públicos de manera cínica. Los hay con nombre de Pío, Rabindranath, Manueles, los López, incluyendo la prima; Rocío su marido y compadres; Irma Eréndira y hermano; Zoé, hermano y amigos y los beneficiarios del casi el 80 por ciento de los contratos que por asignación directa realizó la actual administración.

Pero claro, ellos bajo el cobijo del patriarca de Palacio Nacional, no son podridos, son inocentes, corruptos son los que se fueron, los que hacían licitaciones para entregar contratos, los que dieron al país pírricos crecimientos del dos por ciento, que ante una pandemia establecieron medidas claras y urgentes que evitaron decenas de miles de muertes y contagios.

Peor todavía, festejan hasta lo negativo como eso de que “avanzamos” un punto en el Índice de Percepción de Corrupción y Transparencia Internacional que nos ubica, luego de dos años de régimen morenista, en el lugar 130 de entre 183 países, a la altura de Guinea, Laos, Maldivas, Mali y Togo.

Más todavía en su índice de resiliencia (palabrita que no le gusta al Peje) ante el Covid, nos colocó en el lugar 53 de 53, el último de los lugares para vivir en la era del coronavirus. Igual nos fue con el Lowy Institute, organización no gubernamental australiana, quien al analizar el desempeño de los gobiernos colocó a nuestro país en el lugar 97 de 98 posibles.

Pero además de la mala gestión de gobierno y la evidente corrupción e impunidad actuales, está la descarada opacidad, como la determinación de ocultar por cinco años, los contratos de supuestas compras de vacunas que siempre no vendrán a México, todos los referentes, incluyendo el proyecto ejecutivo del aeropuerto Felipe Ángeles de Santa Lucía, así como los estudios (¿los hay?) de impacto ambiental y de aeronavegabilidad compatible con la actual terminal Aérea del Peñón de los Baños.

Bueno hasta la fraudulenta asignación disfrazada de licitación de la venta de decenas de miles de toneladas de acero del cancelado aeropuerto de Texcoco se reservaron. Igual sucede con los estudios de impacto ambiental del Tren Maya, cuyas obras debieron suspenderse por orden de un Tribunal con sede en Yucatán.

Lo mismo se “sabe” de las supuestas 612 pipas que con valor de casi dos mil millones de pesos fue una comisión de varios secretarios a “comprar” a Estados Unidos sin licitación ni contrato alguno, y con las cuáles se sustituiría la conducción de combustibles de los ductos saqueados por huachicoleros, estrategia cuyos resultados también están reservados.

Ni hablar de las obras, presupuesto y negocios entregados a las Fuerzas Armadas que no sólo cuida la soberanía nacional sino también puertos mercantes, construye y administra aeropuertos, sucursales bancarias, custodia valores, entregas de dinero, vacunas, pipas con combustible y con ello, incrementa su propio fideicomiso que de cinco mil 40 millones subió a 48 mil 779 millones.

Así, cómo no van a querer los militares a la Cuarta y a su profeta, quien, además, reclamó y obtuvo, el retorno de uno de sus más destacados integrantes, el general Salvador Cienfuegos, con todo y lo que ello implicó junto con su exoneración fast track por parte de la Fiscalía mexicana.

¿Dónde está la verdad y transparencia que reclamó el Ganso a la ex mafia en el poder? ¿Dónde quedó el combate a la corrupción que tanto cacareó y lo llevó a la presidencia?

Resultó tan falso como un billete de dos pesos.