Prevalecen corrupción, impunidad, violencia, incapacidad y estancamiento

Miguel A. Rocha Valencia

Todos percibimos -porque no lo podemos probar- que en la pasada administración federal no sólo se acentuó la corrupción sino que además, se hizo notoria la ignorancia o incapacidad de uno de los peores presidentes de México. Eso fue lo que hizo ganar a Morena las elecciones, aunque insistimos, desde mi punto de vista la transición, fue concertada.

Esto último también es mi percepción -porque no lo puedo probar- aunque existen varios indicios que me lo hacen pensar, tales como la entrega del poder anticipada que hizo Enrique Peña a López Obrador; la visita a México de Donald Trump en pleno proceso electoral, lo bien que se llevan ambos mandatarios y desde luego, la impunidad de que gozan quienes presuntamente nos saquearon, los de la mafia del poder.

Ambos contextos nos llevan a la premisa básica de López en sus campañas presidenciales. Siempre usó la corrupción y la impunidad para lograr la simpatía de un pueblo harto que vio cómo se enriquecieron camadas revolucionarias y empanizadas, incluyendo a expresidentes; los más notorios: Vicente Fox y Enrique Peña, aunque este último ya traía lo suyo desde el Estado de México.

Por eso es que existe desencanto a diversos sectores de la sociedad, incluso entre algunos comunicadores o periodistas que pensaron que la 4T arrancaría con un combate frontal a la corrupción (claro con inteligencia) y a terminar con la impunidad de los que se fueron.

Lo primero, López Obrador lo terminó por decreto, lo mismo que la guerra anticrimen; por su discurso nos enteramos que acabó, pero en los hechos, ambos fenómenos continúan.

La corrupción se da incluso entre los más cercanos, sólo que purificados por la 4T, ya no son delincuentes, y en cuanto a lo segundo, ahora hay más muertos que antes.

Pero como con Peña, los males se magnifican por la incompetencia o ignorancia de muchos de los actuales distinguidos miembros de la administración moral. Se siguen obsequiando concesiones sin licitación, ahora en mayor número; el nepotismo crece y saltan los enriquecimientos inexplicables en la nueva familia gobernante.

A contra pelo, ninguno de los de la mafia en el poder es procesado o encarcelado, incluyendo a los dirigentes sindicales que en otro tiempo se acusó de corruptos y mal enriquecidos, incorporados al “desarrollo”, que no crecimiento del país. Lo de Rosario Robles, queda claro, es revancha.

Las desviaciones presupuestales hoy son “ahorros” y las partidas secretas del presidente se volvieron justicia social.

En suma, los viejos vicios ahí están sólo que el país camina menos; la economía se mantiene estable gracias a los fundamentales, con una inflación mentirosa del tres por ciento, reservas internacionales por 178 mil millones de dólares y un peso que se mueve en la banda de los 19.50 y 20 pesos.

Pero no crecemos; la entrega de dinero a fondo perdido empieza a causar estragos en la inversión y administración pública, con lo cual se obliga a un presupuesto 2020 sin aspiraciones o destinado a caer en déficit.

Así, el futuro se torna incierto sobre todo porque la delincuencia crece ensoberbecida, sin control y la incapacidad administrativa se refleja en bienes y servicios. Ni hablar de los amos del dinero que ya pusieron contra la pared a López Obrador para conseguir sus ambiciones, con lo cual aquello de la separación entre los poderes político y económico, también se quedó en simple demagogia.