Corruptos y pobres en discurso de AMLO

*Los necesita para justificarse; por eso su pacto de impunidad

Miguel A. Rocha Valencia

Corrupción, corrupción y más corrupción, es el discurso permanente de López Obrador. No cambia, es monotemático y así llevamos más de 18 años de campaña, más tres meses de un gobierno unipersonal y autoritario.

Pareciera que no hay otro discurso. En las mañaneras es el tema recurrente para todo más y cuando se trata de hablar de soluciones sólo se agrega la preposición “para” combatir, o para repartir responsabilidades, el sustantivo “culpa”.

El caso es que los mexicanos a lo largo de todos esos años, y meses, nos enteramos ya sea por la denuncia permanente de nuestro caudillo, o por ser palpable, que los regímenes anteriores, todos, estuvieron salpicados o carcomidos por la corrupción.

Gracias ello, llegó nuestro mesías tabasqueño a la Presidencia. No desaprovechó ningún momento para aseverar que todos los males de México se debían a la mafia en el poder y la corrupción e impunidad que ella emanaba.

Nadie lo dudó, la mayoría convencida y enojada acudió a las urnas (30 millones de votos) a elegir a López Obrador, quien se alzó con el triunfo que legitima acciones aún que estas estén fuera de la ley, como las mentadas consultas que organiza con sus simpatizantes como jueces y parte.

Prometió el caudillo que la tranquilidad del país, se haría en cuanto asumiera las riendas del gobierno, hoy nos dice que quien sabe, que tal vez en tres o cuatro años cuando esté lista su Guardia Nacional.

También dijo que los militares eran tales por cuales y los regresaría a los cuarteles, pero ahora, son la panacea para todo, incluyendo constructores de obras especializadas, venta de inmuebles y la esperanza de pacificación del país. Lo curioso es que a pesar de todo ese apapacho, hay en la estructura de la Sedena, quienes no le creen y están a la defensiva precisamente por destellos autoritarios que no puede ocultar, aunque diga lo contrario.

Hablaba el entonces candidato de fortalecer estancias infantiles, en especial las que son propiedad del partido del Trabajo, pero prefirió cerrarlas porque afirman, se las dará a sus cuates de origen israelí. Sí, los mismos que fueron sus aliados en el gobierno de la Ciudad de México y que se vieron favorecidos con el negocio inmobiliario.

Pero la corrupción no se acaba, ni se acabará, pues si no, con qué se justificarán sus acciones. Seguiremos escuchando de ella toooooodos los días a pesar de que el presidente del “pueblo sabio” dijo que acabaría con ella con sólo asumir el poder Ejecutivo federal. Tal vez por eso acordó un pacto de impunidad con los que se fueron; así tendrá siempre a quien echarle la culpa, los necesita como a los pobres. Ni modo.