• Tatiana se fue ante fracaso del ganso y lo que será una gran tormenta económica

Miguel A. Rocha Valencia

Ya no aguantó, Tatiana Clouthier Carrillo, abandonó el barco de la 4T para pasarse a “la porra”, pero seguramente no la de aplausos al ganso, sino para no ser pieza en la tormenta económica que se avecina y en la cual el país caerá a su peor crisis que repercutirá sin duda en lo social, con tasas inflacionarias y bancarias no vistas en décadas.

Sin dar razones, la sinaloense determinó dejar la Secretaría de Economía justo en un período de inestabilidad en que los expertos advierten meses “tormentosos” derivados del mal manejo político del ganso de Palacio Nacional no sólo al tema de la carestía sino también a las relaciones con nuestros socios comerciales.

De hecho, si no fuera por la autonomía con que se maneja el Banco de México, nuestro país ya estaría hundido no sólo en crisis económica sino también social, con un gobierno que gasta mal sobre todo a fondo perdido y los recursos se dispendian en cuestiones ajenas a las necesidades prioritarias como el estímulo a la inversión, producción y productividad.

Por lo pronto Clouthier Carrillo abandona la mesa en medio de la discusión de las controversias por violaciones al T-MEC en materia de Energía y lo que se viene en lo relativo a los granos alimenticios donde por decisión del machuchón, se abre la importación pasándose por alto las regulaciones sanitarias a no menos de 40 millones de toneladas de básicos, donde al menos 17 millones de toneladas son de maíz, además de trigo y aceitosas, cuyo costo, por cierto, se incrementó en 37 por ciento.

Esto último implica que, con las compras al exterior, se importa la inflación de los países de origen, especialmente Estados Unidos. Ahora también se traerán plagas, como ya ocurrió hace un año en la aduana de Nuevo Laredo donde SENASICA permitió el ingreso de embarques de maíz contaminado.

Por lo pronto el panorama que deja la sinaloense es de incertidumbre mayor pues apenas en la semana, analistas consultados por el Bank of América (BofA) adelantaron que para 2023, las expectativas para México se reducen en el mejor de los casos a crecimiento del uno por ciento con posibilidades de no pasar de cero o abajo del mismo, no sólo por los fenómenos de inestabilidad que se atisban en su economía sino también por los efectos de la “ralentización” de la estadunidense.

A ello se suma que, de acuerdo con la Secretaría de Hacienda, la inversión privada no crece y está 5.5 por debajo de la registrada en 2021 y la que hay, está focalizada en proyectos específicos y de ella el 70 por ciento es nacional; la extranjera entró en “receso” desde hace dos años.

Ello se debe según los inversionistas encuestados por el BofA a la desconfianza generada desde el púlpito de Palacio Nacional donde se toman decisiones unilaterales sin atender acuerdos comerciales y generar desconfianza por su manejo al margen de la ley y el uso de métodos “inusuales” como las consultas para determinarlas.

Para colmo, el famoso plan para contener precios, es una vacilada más del tlatoani, pues resulta irreal y discriminatorio, a tal grado que puede desatar una guerra comercial interna entre importadores y comercializadores “favoritos” y quienes son, pero que echarán en medio a los productores rurales, a quienes intentarán sujetar a precios de risa por sus cosechas, sin la esperanza de acudir a Segalmex para ampararse en un valor de garantía. Los más dañados serán los más pobres, los temporaleros.

Pero además la canasta básica (24 productos) que refleja un aumento del 10 por ciento “oficial”, no son toda la economía, ni siquiera una mínima parte que se ve presionada por la inflación subyacente que con su nueve por ciento pega en todo, especialmente medicamentos, servicios de salud, transporte, tarifas, jabón, aceites, papeles, etcétera, eso sin contar rentas y transporte.

Este hecho se hace visible en las variables del Banco de México que seguramente elevarán su tasa de referencia al 10 por ciento y podría iniciar 2023 en 11 por ciento en su intento de frenar el proceso inflacionario de manera efectiva y no con acuerdos demagógicos que resultan carísimos y en los cuales se cuentan los 350 mil millones de pesos de subsidio a gasolinas y que no se compensan con los ingresos petroleros donde Pemex reflejó a agosto, un déficit de 24 mil millones de pesos.

De tal suerte que Tatiana Clouthier mordió el polvo. El ganso y sus decisiones impensadas e ignorantes, la hicieron renunciar al hueso al cual se aferró lo más que pudo, pero decidió no hacerse más cómplice de la debacle ostensible de la economía. Si se esconde es para no ser perseguida y si habla, será porque la incriminarán las verdades que hoy, afloran día con día.

No se olvide que la hija de Maquío coordinó la campaña del profeta cuatrotero y por lo tanto “sabe mucho” del financiamiento ilegal que como ya se sabe, ahí se dio.