• La peor noticia es que no tenemos alternativa con la clase política

Miguel A. Rocha Valencia

La peor noticia no es el que el país registre seis trimestres continuos de caída en el PIB, ni siquiera que en seis meses salieran de México cerca de 35 mil millones de dólares en inversión “golondrina” y que la fija bruta cayera 38.4 por ciento durante mayo pasado.

Ni siquiera el mal manejo de la pandemia que ya costó la vida a 50 mil mexicanos. Bueno tampoco es la peor noticia el que el actual gobierno nos hunda y nos divida todos los días.

Tampoco es la peor noticia que la caída de la inversión pegue directamente a la adquisición de maquinaria y equipos y al sector de la construcción con todas las industrias que inciden ahí y esto se traduzca en desempleo.

Porque de acuerdo con el Inegi, los gastos en construcción cayeron 33.1 por ciento y eso representa la peor baja desde octubre de 1995 cuando al país lo amagó la bancarrota y debió tomar el “salvavidas” de 30 mil millones de dólares que nos lanzó William Clinton.

Hoy, el gobierno insiste en que no tomará deuda, interna o externa a pesar de la debacle económico-financiera que vivimos, aunque en la realidad, el débito nacional se incrementó únicamente por la devaluación del peso y los contratos vigentes en dólares entre los que se encuentran los mil 800 millones que se deben por la cancelación del NAIM.

También el gobiernito actual, cancela inversiones, las más sobresalientes, las tiró López por la vía de sus consultas a modo como la del mencionado Aeropuerto de Texcoco, donde en vez de generarse gasto y empleo, se cancelaron, se tiraron cientos de millones de pesos junto con la confianza en el país. Ni qué decir de los mil 400 millones de dólares que se cancelaron con la cervecera en Mexicali, Baja California.

Ahora va por otra, la planta de fertilizantes en Sinaloa, como si esos insumos para el campo sobraran. Actualmente se importan de diversos países. A lo mejor ese es el negocio que López debe cuidarle a las empresas especialmente de Estados Unidos.

Bueno ya ni siquiera la pandemia que está asesinando y enfermando a mexicanos y que la verdad no es culpa del gobierno, aunque los daños pudieron ser menores si no se hubiera necesitado “aplanar” la curva para darse tiempo de contar con las herramientas para combatirla.

Nada de eso es lo peor, ni siquiera las mentiras de Palacio, la persecución a periodistas disidentes o la simulación de realidades con escándalos mediáticos, las protecciones a ciertos narcos y los más de 35 mil asesinatos en lo que va de la peje-administración.

Lo peor es que para los mexicanos parece que no hay alternativas reales para superar todo eso. Existen recetas, pero no soluciones.

La mayoría de los mexicanos, salvo lo que digan los hoy jilgueros oficiales, coincidimos en que pasamos por una de las etapas más negras de nuestra historia. Ninguno de quienes vivimos, fue testigo de un México tan traumático, peor que el de 94-95 con Zedillo o el 2008-09 de Felipe Calderón.

Pero en aquellos años, existían alternativas; se optó por una que resultó peor que las anteriores.

Hoy no se ven opciones, ni siquiera para ir por la revancha; el desprestigio generalizado de la clase política es deprimente; cada cual, por su lado, con críticas permanentes, pero sin un gramo de soluciones, y aunque la tuvieran, nadie les cree.

La salida es que como ciudadanos, actuemos y exijamos castigo no sólo a los corruptos y delincuentes comunes sino también a los mentirosos, a los incumplidos o incapaces que han hecho de los gobiernos un simple botín cuyo reparto ha cancelado la esperanza de un México mejor. La herramienta será el voto.