• Uso indiscriminado de recursos, militarización descarada y lucimiento del ganso

Miguel A. Rocha Valencia

Una vez más el mesías tropical se aprovecha de la desgracia de miles de mexicanos para “robar cámara”, utilizar recursos financieros indiscriminadamente sin rendir cuentas y continuar la acelerada militarización del país, en un modelo que nada tiene que ver con mejorar la seguridad, como ya quedó demostrado.

Como el SARS-CoV-2, Otis le vino “anillo al dedo” pues le abrió la manga ancha a las políticas clientelares y de control en tanto, a una semana de la tragedia en Acapulco, la gente afirma no sentir ningún cambio y sí continuar sus penurias de hambre, sed y orfandad de los gobiernos local y federal que no supieron o no quisieron prever los efectos del huracán.

Y es que lejos de controlar la rapiña y delincuencia, la presencia de miles de soldados y guardias nacionales parecen ser superados, se ven incapaces y ante ello, las fuerzas vivas decidieron tomar el control, armarse, formar barricadas y defender lo poco o mucho que les queda.

De ahí que el ganso encuentre la ventana para meter soldados, construirles cuarteles en comunidades mayores de 10 mil habitantes, no para otorgar seguridad como ocurre en Michoacán donde la delincuencia los balacea, los reta sin que haya respuesta efectiva o disminuyan los niveles de violencia, lo cual significa que el objetivo es otro.

Porque a pesar de que hoy hay en México más de 300 mil efectivos militares y guardias nacionales, las condiciones de inseguridad prevalecen como lo muestran los más de 170 mil  el número de asesinados y los desaparecidos son más de 45 mil, en tanto las comunidades sojuzgadas por las bandas delincuenciales cubren casi el 40 por ciento del territorio nacional incluyendo los “corredores” por donde transitan ilegalmente drogas, armas y personas, especialmente los del Pacífico y Golfo, cuyos estados son gobernados por Morena.

Pero además, como ocurrió en la pandemia, la destrucción de Otis da la oportunidad al profeta de la 4T a aprovecharse de recursos financieros extraordinarios, no sólo de los 17 mil millones restantes del Fonden sino hasta por 61 mil millones que dicen costará la reconstrucción y ayuda a los acapulqueños sino regatear dinero de los organismos autónomos a quienes los lacayos de morena en la Cámara de Diputados pretenden despojar de recursos por cerca de 13 mil millones con el fin de desaparecerlos o al menos nulificar sus quehaceres como el INAI.

Y están los 15 mil millones de los fideicomisos del Poder Judicial Federal que según dicen, la presidenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y titular de la Judicatura, estaría dispuesta a ceder para ayudar a la reconstrucción, aunque en el fondo no sea sino una mera posición política pues Norma Lucía Piña Hernández, no puede decidir sobre esos recursos que además no se pueden tocar gracias al amparo de un juez federal. ¿Entonces?

Sería ilegal repartirse el dinero de los trabajadores y como se trata de prestaciones laborales, aunque quisieran no las pueden ceder pues por ley, son irrenunciables. Es decir, no pueden usarse como moneda de cambio entre el Ejecutivo y el Judicial, aunque los dueños de los fondos dijeran sí.

Pero el hecho le sirve al ganso para más cámaras y tinta, hacerse propaganda, zopilotear sobre la desgracia de miles de mexicanos como acostumbra pues para él es una ventana de oportunidad, sin importar si alguien se muere de hambre, es asesinado para despojarlo de sus miserias o si se quedó sin techo. Lo importante es el tlatoani y nadie más.

El caso es que recursos financieros transformados en ayuda con todo y sus salpicaduras de corrupción, se utilizan para hacer propaganda al “gobierno de México” en una estrategia fija mesiánica-electoral de centralizarlo todo en el machuchón de Palacio Nacional quien cobra dividendos políticos sin necesidad de acercarse a la tragedia, a los seres de carne y hueso que se dicen abandonados.

Se trata de destacarse en los medios, hacer creer que es el supremo hacedor cuando en realidad la ayuda llega de todas partes de la odiada sociedad civil. El peje actúa y monta show para los medios, las redes sociales, como fue todo el montaje de su escapada y atascón montado en las cercanías de Chilpancingo.

Otra vez la desgracia cayó anillo al dedo, justo al inicio del proceso electoral más grande, importante y trascendente de la historia reciente donde habremos de decidir qué país queremos.