• Palabra y capricho del ganso por encima de la ley. Autoritarismo cínico

Miguel A. Rocha Valencia

Y si en la elección pierde la corcholata y el ganso decide que su autoridad moral le da cifras distintas ¿Qué va a pasar? De hecho, en este sainete que dura ya varios días, el tlatoani tabasqueño nos lo ha hecho saber: su palabra está por encima de la ley.

Tan es así que una vez más a pesar de la observación del INAI y l condena casi unánime por revelar datos personales de una periodista, lo volvió a hacer bajo el argumento de que “por encima de esa ley –la del INAI- está la autoridad moral, la autoridad política”, la suya, la del machuchón de Palacio Nacional en un acto cínico de autoritarismo que se volvió recurrente, así como la violación permanente de leyes.

Además, los únicos triunfos electorales por él reconocidos, fueron cuando ganó la jefatura de Gobierno y la Presidencia de la República. Pero nunca una derrota y menos hoy que de quedarse sin poder o quien lo proteja, podría enfrentar cargos criminales incluyendo de lesa humanidad no sólo en México sino en cortes internacionales.

Envuelto en el patrioterismo convenenciero, oportunista y victimizante que ya se le conoce, el profeta de la 4T arrasa parejo con el gremio periodístico incluyendo el “pasquín inmundo” del New York Times y otros medios estadunidenses. A los de casa, sus conductores y reporteros, ya los tiene en la hoguera que enciende todas las mañanas.

Todos son sus enemigos y por ende, lo son de México, de su pueblo, ese que ya le rompe vayas para reclamarle incluso allá bajo el cobijo del cártel de Sinaloa o cualquier otra plaza donde ya no se pude desplazar con seguridad. No se diga Guerrero donde sólo va bajo el cerco protector de la base naval.

Su palabra es la expresión de la autoridad moral que proclama y bajo la cual cobija a delincuentes cuya culpabilidad es pública y probada, incluyendo sus hermanos e hijos con la recolección de dinero negro, el tráfico de influencias, abuso del poder que salpica a todos quienes les rodean y enloda la maltrecha investidura presidencial.

Un ganso cuyo plumaje arrastra el estigma de 180 mil asesinatos gracias a que, en el incumplimiento de la ley, protege más a los criminales que a las víctimas. Prueba de ello son los pueblos sojuzgados por las bandas delincuenciales que han hecho suyos muchos pueblos y ciudades que viven bajo el terror.

Eso sin contar los más de millón 100 mil muertos por mal manejo de la pandemia de Covid-19 y las enfermedades crónico degenerativas, incluyendo cáncer, que no se atendieron o para las cuales, se careció de medicamentos.

Para eso no hay autoridad moral, sólo autoritarismo porque las víctimas, las que sean, niños, jóvenes o adultos sin importar sexo debe callar, reclamar es estar contra el mesías tropical, con un ser supremo intocable que está por encima de cualquier ordenamiento porque él mismo es la ley.

Ley que hace a su modo y pretende reformar a su gusto o que quien llegue a la silla presidencial, si la deja, obedezca y las promueva porque así lo decidió el oráculo de Palacio. NO hacerlo sería entregar el país y sus mexicanos a los de antes, a quienes crearon instituciones democráticas que le permitieron llegar por esa vía al poder.

De tal suerte que el caudillo de Tepetitán pretende y para ello empleará todos los recursos a su alcance, la transexenalidad que impondrá un sistema de gobierno que sólo da muestras de destrucción, atraso, conformismo, dependencia de limosnas y en ninguna forma la posibilidad de superación, crecimiento o desarrollo.

La tierra prometida por la chachalaca tabasqueña es la socialización de la pobreza y la mediocridad y sumirnos en un tercermundismo donde un notable decida por la vía democrática de sus vasallos qué conviene a las masas sin futuro ni ambiciones. No, de ninguna manera se visualiza un país como Dinamarca, Estados Unidos o al menos como China.

El ideal sería un sistema como el cubano a cuyo gobierno ha enviado la 4T siete millones 435 mil barriles de petróleo gratis en menos de un año en barcos de salen de Coatzacoalcos o Salina Cruz. Nos quiere convertir en una nación de limosneros gobernados por la élite de siempre, como ocurre en la isla, Venezuela o Nicaragua.

O sea, el famoso ganso hará lo que le venga en gana, violará las leyes sin que exista una autoridad que logre sancionarlo como se merece y lo detenga. Así llegaremos a una elección de pronóstico reservado ya no por saber quién ganará, sino si el pseudo demócrata que habita en un palacio aceptará y respaldará el resultado o aplicará la cláusula no escrita de su autoridad moral.