• Ahora el Ganso le jala la cola al tigre de manera grotesca: Con Trump se acabó la buena relación

Miguel A. Rocha Valencia

Mientras en México nos debatimos en una de las peores crisis y tragedias del siglo, así como una oleada de violencia que nos azota por falta de un combate en serio contra el crimen, al profeta de la Cuarta Transformación se le ocurrió abrir fuego contra Estados Unidos, con quien parece, luego de la salida de Donald Trump de la presidencia, se acabó la sumisión y las buenas relaciones.

Tanto que lo que festinó y dio pretexto para el único viaje internacional del mesías tropical a Washington, el Tratado Comercial entre México, Estados Unidos y Canadá, hoy es agredido por el Peje para tratar, como lo ha hecho en nuestro territorio, de imponer sus ocurrencias, voluntad y punto de vista sobre todo en cuanto a los temas energético, financiero y transparencia.

Es un frente abierto contra la nueva administración a cargo de Joe Biden, incluyendo los asuntos de seguridad binacional, donde el Ganso de Macuspana intentará imponer sus reglas porque simplemente tiene intereses en ello. Por sus plumas ordenó soltar a Ovidio Guzmán, reclamado por la justicia estadounidense, impone nuevas reglas a los agentes de seguridad del vecino país, y acusa a las agencias no sólo de injerencistas sino también de mentir y construir casos para dañar a las instituciones mexicanas, advirtiéndoles que no aceptará presiones.

Ahora sí que se engalló el Ganso, quien, sin poner balatas a sus palabras, fue duro en una acusación que bien pudo darse de manera diplomática y justificar con pruebas, no solo dichos que ya fueron severamente rebatidos al otro lado de la frontera. Nos recordó las arengas de Hugo Chávez, sólo le faltó nombrar a Estados Unidos como “el Imperio”.

Si el general es inocente como la ley lo plantea como premisa, qué bueno, lo oscuro es la negociación que derivó en su pronta repatriación y exoneración fast track de la Fiscalía General de la República la cual ni siquiera puede enderezar el caso Lozoya tras al menos dos años de indagatorias y donde uno de los panistas imputados, desafió abiertamente al titular de la Unidad de Inteligencia Financiera a probar los millones que dice se robó.

Al general dicen, se le acusa con “copias” y se le declara libre de toda imputación, pero a otros, por oídas o no colaborar, se les condena porque así lo determinó el oráculo de Palacio Nacional. Esa es la ley del tlatoani que lo mismo se alza como juez para culpar a medio mundo de lo que sea, que, como árbitro electoral y llegado el caso, en el gran elector, así como la voz cantante de lo que, según sus datos, ocurre en el país.

Frente a ello, no tardó el Departamento de Justicia de Estados Unidos en acusar directamente al oráculo de Palacio Nacional de haber violado el Tratado de Asistencia mutua entre ambos países por publicar el expediente de Cienfuegos Zepeda, cuya investigación se consideraba confidencial.

Pero a esos frentes abiertos, se suma el de la contención o anulación de contratos que el Peje considera leoninos, ventajosos para algunas empresas, o simplemente contravienen su decisión de estimular el uso de energías sucias. El reclamo ya llegó de manera oficial incluso por la actual administración encabezada por Donald Trump, aunque se sabe que la respuesta del tlatoani tabasqueño es para la entrante de Joe Biden.

Además, en materia de seguridad, están las reformas aprobadas por sus lacayos del Congreso para acotar el trabajo de oficiales de seguridad extranjeros, lo cual en otro contexto no extrañaría, pero en la sumatoria de los acontecimientos, resulta “sospechoso”, por lo menos.

Si eso fuera poco está el tema de seguridad, el cual se complica y cobra más víctimas como la mala administración de la pandemia de SARS-CoV-2. A la fecha en la administración del mesías tropical, se tienen registrados “sólo” 73 mil asesinatos, cifra que duplica la de sus antecesores, y por Covid-19, ya superamos en más del 200 por ciento el nivel catastrófico del doctor López-Gatell.

En ambos aspectos, la mortandad no decrece, la mala gestión y complicidad del actual mandatario, convierte al país en un gran cementerio y en mucho tiene qué ver su política de “abrazos, no balazos” que mantiene impune las ejecuciones, las masacres del crimen organizado que además intensificó sus “negocios” en tráfico de drogas, personas y extorsiones.

Todo esto tendrá repercusiones y quienes las manejarán serán personajes o instituciones de muy alto nivel que sí se apegan a la Ley, que no obedecen a ciegas el mandato omnímodo de un caudillo.

A menos que, como ya comentamos en otra ocasión, la intención del Ganso sea confrontarse con la economía capaz de remolcarnos gracias a su tamaño y a los casi dos billones de dólares que apoyarán a sus empresas y ciudadanos, incluso con los 40 mil millones de dólares que envían en remesas los braceros mexicanos.

Se va a poner bueno, parece que el Tlatoani está dispuesto a “jalarle la cola al tigre” arriesgándose a un zarpazo a su tamaño. Veremos.