• La bancarrota del país, antes del COVID; la enfermedad la precipitó y profundizó

Miguel A. Rocha Valencia

Imposible sustraerse a la tragedia que vive el país. Con subregistros o no, el número de infectados y muertos por COVID-19, marcará a nuestra generación como una de las más dañadas por epidemia alguna, incluyendo sus efectos en economía. Millones quedarán en la miseria.

Hasta el jueves el número de muertos en México llegaba a los 42 mil con un estimado de dos mil más, y la cifra de infectados era de 371 mil. Si tuviéramos los datos reales o los aproximados que da el sistema “centinela”, seguramente estaríamos ante un escenario dantesco.

Y a pesar de ello, de las cifras que representa el dolor de decenas de miles de mexicanos, las autoridades actúan de manera contradictoria.

Tenemos un presidente que se burla del cubrebocas y que, respaldado por su subsecretario de Salud, el otro López historiados y detractor de las pruebas masivas, afirma que ya superamos lo peor, la curva se aplanó y domamos la pandemia.

Ambos López, encontraron la forma fácil de justificar sus yerros: acusar a los de atrás de no cumplir su responsabilidad, aunque uno de ellos, el médico, lleva años trabajando en el sector público al que hoy defenestra.

Por otro lado, tenemos a la gobernadora de la ciudad más importante del país quien promueve con vehemencia el uso del cubrebocas, aunque con ello se salve una sola vida, así como la aplicación de pruebas masivas, incluso lanzarse a la búsqueda de posibles infectados y sus contactos.

Igual, el secretario de Hacienda Arturo Herrera, afirma que del uso masivo del cubre bocas dependerá en mucho la recuperación económica, sobre todo a nivel de empresas, ya que gracias a ello se evitarían contagios. Obvio, su jefe López lo desdijo una vez más y hasta se burló de él.

Bueno hasta el obtuso presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió hacer caso a los especialistas y por fin, después de desestimarlo durante meses, usa el cubrebocas y recomienda usarlo, como factor que evitará riesgo de contagios.

Pero las autoridades a nivel nacional, en este caso el de Macuspana y López-Gatell, lanzan señales contrarias y con ello causan incluso escisiones entre gobernadores que al igual que Claudia Sheinbaum prefieren aplicar sus propios métodos y no ceder a las represiones de reapertura que surgen desde Palacio Nacional, donde mañana y tarde, ahora, se acusa a los de antes de no haber cumplido con su trabajo.

Los López llevan ya más de año y medio al frente del país y no pueden hacer nada, se ven incapaces, ineptos y tercos ante realidades que golpean a millones de mexicanos en esta pandemia que ya se traduce en miedos, incluso de salir a la calle ante el temor de contagio.

La única salvación posible a la vista, es una vacuna que caiga como bendición para quienes esperan un milagro, porque del gobiernito de ineptos, vengativos y soberbios que tenemos, ya nadie espera nada.
Aclaremos, la 4T ya estaba marcada antes de la pandemia, el país se iba ya al barranco financiero y la enfermedad sólo vino a precipitar todo y hacerlo más profundo. La historia ya estaba escrita.

Pareciera un sálvese quien pueda, incluso dentro del mismo gobierno, donde el desaliento es mayúsculo: El Tlatoani ya grita a sus más cercanos, pero no los escucha; ahí están los ejemplos con Mario Delgado a quien en público le reclamó no cumplir con sus instrucciones, así como el de hoy ex titular de la SCT, Javier Jiménez Espriú, a quien le quitó las aduanas marítimas a pesar de las consideraciones que le hizo.

Es obvio que se trata de un regalito para los marinos después de los regalotes que le ha dado a los de la Sedena. Así con embutes, López ¿mantiene el control? De las fuerzas armadas. Eso cree.