• Cuentas alegres de un mesías que niega la realidad de un país en crisis 

    Miguel A. Rocha Valencia 

    De ninguna manera deseo que le vaya mal a quien todos los días se viste de presidente en Palacio Nacional y se comporta como candidato de un partido en campaña sucia acusando a todo mundo, sin pruebas, provocando no sólo de que este país no avance, retroceda y hasta de sus propias limitaciones personales, intelectuales y capacidades para gobernar. 

    Desear que la vaya mal al mesías tropical, sería pedir que les vaya mal a 130 millones de mexicanos, a mi familia, amigos y vecinos. Por el contrario, quisiéramos que le fuera bien y con ello a un país que cada día amanece más destrozado por la violencia, en duelo por la pandemia, en quiebra económica y para colmo, con una polarización social del “todo o nada” que se propicia y estimula por quien, en vez de sumarnos, hoy más que nunca, en un mismo esfuerzo, nos confronta. 

    Los llamados al raciocinio, al diálogo, no surgen desde el poder, sino de los más débiles, de las minorías fragmentadas, pero cuya suma podría convertirse en mayoría de permanecer la sordera oficial, de la negativa a escuchar a la disidencia, a quienes piden a gritos un cambio o al menos que se les deje participar con políticas públicas incluyentes. Ahí se encuentran inversionistas, organizaciones sociales y políticas para quienes sólo hay ofensas y descalificaciones desde el púlpito del profeta macuspanense. 

    Y mientras, a pesar de lo que vocifere el caudillo –como siempre- la pobreza aumenta derivada no sólo de la pandemia, sino de pésimas decisiones de gobierno que dan inseguridad a la empresa privada nacional y extranjera y le han costado al país cientos de miles de millones de pesos en pérdidas en inversiones y credibilidad en el país. 

    Por eso es que a pesar de lo que diga el caudillo, la crisis se ensaña con quienes menos tienen; el Instituto Nacional de Salud Pública indica en un estudio que cerca del 73 por ciento de sus encuestados se queja de una caída en su ingreso, precisamente por pérdida de empleo o auto ocupación. Además, es en ese segmento donde los estragos de la pandemia son más devastadores. 

    De ese universo, el 37.9 por ciento señaló que algún miembro de la familia perdió el empleo, mientras que los hechos de violencia entre habitantes de un hogar subieron de seis a ocho por ciento. En cuanto a la prevalencia de inseguridad alimentaria moderada y severa, ésta se ubicó en 13.2 por ciento. Otra vez, primero los pobres como en Tabasco. 

    Para este segmento de la población, las posibilidades de recuperación son mínimas pues en su falta de ingresos se endeudan y pierden pertenencias que posiblemente no recuperen en el corto plazo. Se truncan proyectos de crecimiento personal y familiar, amén de que, de acuerdo con la encuesta, la mayor preocupación es no quedarse sin comer. 

    Frente a esto se anuncian inversiones por cerca de 300 mil millones este año incluidos en los casi 900 mil millones de pesos divididos en cinco años, cuando lo que necesita México, dicho por los mismos empresarios, son al menos dos billones y medio de pesos de los que están dispuestos a aportar la mitad, pero el gobierno ya dijo que no pondrá su parte porque prefiere gastar en programas clientelares a fondo perdido por cerca de 700 mil millones de pesos. 

    Ese hecho hace desconfiar a la empresa privada; el gobierno abandona su función de estimular la inversión para destinar dinero a programas para pobres, pero olvida, diría yo que a propósito o dolosamente, que para ayudar primero se deben tener ingresos derivados de impuestos de una economía en crecimiento, pero la nuestra está tan mal que desde la misma secretaría de Hacienda prevén una recuperación a niveles de antes de la pandemia en al menos cinco años. 

    El profeta de la 4T podrá decir misa, acusar a todo mundo de su fracaso, ignorancia, ineptitud o deseo de venganza, pero la realidad, esa que él niega, la vivimos los mexicanos todos los días, salpicada de violencia con cerca de 60 mil asesinatos que superan en dos años, lo que los otros dejaron como saldo rojo en seis años. De las víctimas de la pandemia ahí están los números, aunque le molesten al otro López: 106 mil muertos “oficiales” con posibilidad que sean más de 250 mil y cerca de un millón 115 mil contagios que podrían ser el doble o…