• En Ganso entrega país al crimen, destruye instituciones y confronta a la sociedad

Miguel A. Rocha Valencia

No digiero la aberración que como presidente es un tabasqueño iletrado, vengativo, que ha vivido de la lucha social y con ello enriquecido a su familia y amigos, se da aire de pureza cuando está hasta hundido en un pantano de corrupción y que, además, amanece todos los días para confrontar a los ciudadanos, golpear a México en sus estructuras sociales, de seguridad, economía, salud, justicia, educación y que, en dos años, logró lo que nadie más, tener al país en una de sus peores crisis.

Todos los días, en algo que a simple vista es patológico, se levanta para como ningún otro encargado del Ejecutivo, a golpear públicamente a algún personaje, institución o sector de la sociedad, especialmente si no coincide con sus planes de gobierno o la realidad en la que “vive” en medio del lujo y esplendor que le da “su Palacio” Nacional.

Pero nunca vimos que atacara en su conjunto a un sector de la sociedad, a no menos de 36 millones de personas por aspirar a vivir mejor en base a la preparación y el esfuerzo, dando a entender que a este sujeto sólo lo entienden iletrados, holgazanes, ninis y miserables, lo cual es totalmente falso.

Como en su gabinete donde quienes están ya perdieron la vergüenza o no la tenían y aguantan hasta vejaciones como la anciana secretaria de Gobernación Olga Sánchez Cordero quien, con todos sus millones y propiedades, soporta que un tipejo que no les llega a los talones en preparación y conocimiento, la utilice para chantajear a sus ex pares, los ministros de la Suprema Corte para chantajearlos, exhibirlos y hasta hacerlos renunciar. No entienden al mesías, pero lo soportan por el interés, las prebendas y concesiones que les regala el poder.

Tan es así que ni siquiera a los ministros que él nombro, Yasmín Esquivel Mossa, José Luis González Alcántara y Ana Margarita Ríos Farjat, les da estatura para conducir cambios “limpia” del poder Judicial, en una franca ofensa para sus recomendados y a una institución jurídica, la más alta del país en materia jurídica. Si yo fuera uno de esos ministros, ya hubiese ido a Palacio Nacional a aventarle el cargo a ese remedo de presidentito.

Lo mismo sucede con quienes lo siguen; el reparto de dinero público compra lealtades y como en su gaviete, conciencias, aunque todos ellos estén destinados al basurero de la historia donde sus nombres estarán para vergüenza de ellos y sus descendientes.

Para el Ganso de Macuspana, aspirar a superarse es pecado, hay que ser impreparado y pobre, tener sólo un par de zapatos y una muda de ropa, para ser felices, para que vivir bien, darse gusto en el vestir o en la vocación profesional. Con razón las universidades que se crean bajo su férula son patito, sus egresados no son contratados y se vuelven “fósiles” como él que tardó 16 años para concluir el tramo académico de una licenciatura y tres lustros para que Juan Ramón de la Fuente le regalara el título.

Es decir, el machuchón de Tepetitán como señor feudal cobraría contribuciones de quienes tienen y producen, los que generan economía para luego hacer caravana con sombrero ajeno, repartir dinero para mantener a los que no trabajan por falta de oportunidades y se vuelven parásitos sociales, de tal suerte que disminuya el número de productivos, aumente el de miserables y al final, todos jodidos. Esa es la 4T, ahora lo entiendo.

El problema es que millones no estamos de acuerdo con el Mesías llegado de Macuspana, aspiramos no a sumarnos al ejército de miserables porque de allá venimos y deseamos alcanzar mejores niveles de vida, para eso se fregaron nuestros padres, para darnos oportunidades de estudio y muchos las aprovechamos en una escuela pública que hoy califican de conservadora o neoliberal, pero gracias a la cual, logramos ser productivos para nosotros, familias y el país.

Pobre sujeto que no sabe hacer nada sino mantenerse de la agitación social que no da esperanza y cuyo único camino, es la pobreza socializada, donde el estilo trasnochado socialista, pretende repartir la riqueza de quienes tienen para volverlos miserables, dependientes de un gobierno que se impone por la vía de la dádiva y la tiranía.

Tal vez por eso este gobierno es tan consecuentemente cómplice con los criminales, tanto que ha puesto a su servicio a las Fuerzas Armadas arrebatándoles con riqueza, contratos y concesiones, la dignidad, el orgullo por el uniforme y todo lo que representó en patriotismo y honor en otros tiempos. Los corrompió, más de lo que estaban, hasta hacerles perder la vergüenza.