• Qué país quiere gobernar lopitos: destruido o pujante

Miguel A. Rocha Valencia

No sé si el presidente lopitos alguna vez se preguntó o soñó con el tipo de país que deseaba gobernar. Si pensó en uno pujante, le faltaron capacidades para lograrlo y si se trataba de uno destruido, lo está logrando de manera burda, pero consistente.

Porque para destruir también se necesita algo de ciencia para evitar ser sepultado por los escombros.

En días pasados, los ex presidentes de los bancos centrales de México y Brasil, reconocieron que los mandatarios de sus respectivos países son eficaces instrumentos de destrucción y en ambos coincide la incapacidad para enfrentar problemas como salud, economía, seguridad y política.

A cambio de ellos, afirman Guillermo Ortiz y Arminio Fraga, tanto López Obrador como Jair Bolsonaro, actúan con autoritarismo, destrucción de instituciones y violentando las leyes vigentes.

Por lo que toca a México, lo importante es que, de acuerdo a Guillermo Ortiz, la expectativa en torno a lopitos era muy grande y eso (yo digo) provoca que el desencanto en torno a la actual administración sea mayor. La verdad es que la pandemia les vino a dar la puntilla a sus planes, pues dependían de un país en crecimiento para consolidar vía impuestos su programa social y base electoral comprada.

Lo grave es que lopitos no supo enfrentar las crisis, se le vinieron los muertos del crimen y la pandemia encima, se le agotaron los recursos financieros que creyó eran infinitos y como alternativa se radicalizó. Por eso a cada paso que da, recibe respuesta y con ello destruye estructuras y relaciones.

Es decir, su vocación destructiva se acrecienta y lo pagamos todos los mexicanos. No habrá cambio, en su mente, según dicen los que saben, rifa la premisa de “mío o de nadie”.

De tal suerte que la vara de recuperación para quien le suceda en el cargo va a quedar muy alta incluso en la función y respetabilidad de instituciones que intenta destruir. No sabemos si lo logrará, pero una de las más importantes es la de justicia.

Tan es así que a la inasistencia FABRICADA O NO, de Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y cabeza del poder Judicial, y de Alejandro Gertz Manero, titular de la Fiscalía General de la República, proveedora de justicia federal, lopitos la calificó de “arrogante”.

Otros vimos en el hecho, un deslinde de los titulares del área de justicia del país, como un deslinde a lo que hace el presidente con la aplicación de la Ley, “su ley” donde condena y ajusticia desde Palacio Nacional sin ningún recato, ni asomo de legalidad a todo aquél que se le ocurre, incluyendo expresidentes de la República, medios, periodistas, empresarios, organizaciones sociales o políticas.

Todos quienes no doblan la cerviz ante él, son corruptos, traidores o lo que él diga. Nadie es inocente y merecen el juicio sumario del pueblo que su persona encarna.

Así estamos. La verdad hay que preocuparse y ocuparse.