• López, incapaz de convocar a gobernadores, empresarios o sociedad

Miguel A. Rocha Valencia

Sería interesante saber qué siente López por los gobernadores y legisladores de oposición, empresarios, líderes sociales y mujeres. Podría ser desprecio, temor, intolerancia o simplemente rechazo y antipatía por quienes piensan distinto.

A los de casa, los recibe cuando se les da la gana o tienen deseos de ponerse de tapetes, a los otros, se niega rotundamente a atenderlos y envía, en este caso a la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero (la de las gotas de nanomoléculas de cítricos que la blindan del SARS-CoV-2) para que platique, por ejemplo, con los gobernadores.

A los empresarios ya ni siquiera le manda al promotor de inversiones, el encargado de la oficina de la Presidencia Alfonso Romo Garza, de quien ya nadie sabe nada.

Además de acusarlas de mentirosas, a las mujeres como a los “corruptos” dirigentes de organizaciones sociales, ni las oye ni las ve.

Pero si tiene tiempo para atender a la mamá de Joaquín Guzmán Loera y hasta acudir a visitarla a su pueblo allá en Badiraguato, Sinaloa.

Es decir que con los grupos importantes con quien un presidente de la República tendría que reunirse para hablar sobre lo que pasa con el país y solicitar su apoyo o solidaridad o lo que sea para fortalecerse en la recuperación, no lo hace, cosa que, si es de extrañarse, especialmente porque vivimos en un pacto federal, de economía, presuntamente democrático y donde precisamente López dijo que su gobierno sería de puertas abiertas y escucharía todas las voces.

Tal vez no terminó la frase y le faltó decir, salvo las que no quiera escuchar.

Es la primera vez que, en los últimos ocho períodos presidenciales al menos, vemos que el jefe del Ejecutivo no se reúne con las fuerzas vivas, los diversos poderes fácticos del país. Bueno ya ni siquiera con los campesinos que eran, en otros tiempos una gran fuerza electoral, tanto o más como son los pobres para López.

Pero lo de los gobernadores ya parece enfermizo, muy grave porque no obstante solicitarle audiencia, no recibe a uno solo de la oposición, lo mismo sucede a últimas fechas con empresarios y políticos de otras filiaciones.

En una lógica política, económica y social, sería con ellos con quienes debería estar reuniéndose junto con su gabinete para planear estrategias tanto para enfrentar la crisis de seguridad, económica y sanitaria, así como plantear alternativas, pero López no lo hace. Eso, en estos momentos, manda mensajes muy negativos al colectivo.

México, no el presidente, necesita de los empresarios, de la inversión para salir adelante, de la coordinación con gobernadores de los estados para enfrentar la amarga prueba que hoy vivimos, así como de la sociedad para que solidaria, colabore en la lucha.

Insiste en aislarse en su púlpito, sólo rodeado por sus acólitos y decir misa en solitario, planteando como dogma evangélico sus verdades, aunque en la realidad, sean mentiras.

La verdad es un tema que en lo personal preocupa; la cerrazón de López parece enfermiza y seguro estoy, no nos llevará a nada positivo.