• Ganso no probó presunta corrupción y en cambio, se “robó” la fibra verde

Miguel A. Rocha Valencia

El Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) pasó de ser uno de los proyectos más ambiciosos en la materia, que daría al país un empuje internacional, a uno de los fraudes más grandes del ganso ya que no sólo lo canceló con las repercusiones financieras que conllevó, sino que además, nos impidió escalar varios niveles en la aeronáutica y generar millares de empleos de primer nivel, para convertirlo en uno de los fraudes y focos de corrupción más grotescos de la actual administración.

Con todo y la complicidad del auditor Superior de la Federación, David Rogelio Colmenares quien debió rectificar cifras para que no se enojara el tlatoani tabasqueño, la cancelación del aeropuerto que llevaba más del 35 por ciento de avance costó de manera directa más de 600 mil millones de pesos ya que debieron cerrar y pagar muchos contratos y dejar vivos cuatro mil 200 millones de la “Fibra Verde” que se contrató como deuda privada para financiar las obras. Es decir, no se empleaba dinero fiscal.

Además, en ningún momento se probó la corrupción que arguyó el mesías tropical para realizar la caricatura de “consulta popular” que derivó en su cancelación y desmonte de todo lo que ya estaba construido, en tanto que otras instalaciones, fueron objeto de “remates” como las 49 mil toneladas de acero de alta calidad  y donde desde luego, los juniors del patrón de Palacio metieron mano al igual que con otros materiales saqueados incluso por los militares para “bajar costos” del de Santa Lucía pero sin cubrir los trámites administrativos por lo que esa acción fue y es ilegal.

Es decir lo que la corrupción no probada durante la construcción, se presentó con la destrucción y desmantelamiento de las obras realizadas y que prometían no un aeropuerto ratonero y local como Santa Lucía con miserables dos pistas mientras que el NAIM contaría con seis pistas capacidad para atender inicialmente a 70 millones de usuarios y al final 125 millones con conectividad al metrobús y 96 puertas de abordaje.

Junto con el proyecto asentado en 743 kilómetros cuadrados, ideado por el laureado Norman Foster Y Fernando Romero creador del museo Soumaya, surgieron inversiones en materia hotelera, restaurantera, comunicaciones y servicios, se calcularon varios millares de empleos de primer nivel. En ekl actual AIFA, nada de eso existe.

Pero más allá de lo que fue y la gran cantidad de símbolos mexicanos que implicaba el diseño, ahora surge un nuevo “detalle” y es que con la cancelación del NAIM debían pagarse los seis mil millones de dólares que con respaldo del anterior gobierno se consiguieron con inversionistas privados para financieras la obra.

De entrada, el gobierno entrante tuvo que cubrir todos los contratos con proveedores y servicios además de los de construcción y compras, y para cubrir la “fibra verde” se decidió dar un primer abono de mil 800 millones de dólares dejando vivos cuatro mil 200 que se pagarían a razón de 200 millones de dólares con dinero proveniente de la Tarifa de Uso Aeroportuario de la actual terminal internacional de la Ciudad de México.

Por eso decidieron aumentar el TUA bajo la premisa que para logar los montos necesarios debe atender a no menos de 40 millones de usuarios, hecho que está en riesgo por la necedad del machuchón de Palacio de llevar la carga y vuelos de pasajeros al AIFA e intentar cubrir su fracaso.

Hasta ahí todo estaba bien, el tema es que a alguien se le preguntó qué pasó con el dinero del dichoso financiamiento y resulta que esos millones de dólares se desviaron a otros menesteres como el Tren Maya que se construye con dinero público, no privado y donde la principal fuente de inversión sale del Banco de Obras y Servicios, Banobras.

Pero ese dinero como el del avión presidencial, se deben y según lo más reciente, se pasará a administraciones posteriores hacia mediados de siglo para su amortización.

Es decir que el ganso o sólo dejará de herencia una deuda pública que ya se considera impagable con sus más de 15 billones de pesos, sino que además como pasa con los créditos a Pemex, hay créditos contratados cuyos vencimientos se cambiaron sin autorización alguna, pero tocará cubrir a gobiernos posteriores sea del signo que sean. Esto es que el NAIM aún no se muere, primero debe pagar créditos que en este caso son más de tres mil 500 millones de dólares que se utilizaron indebidamente en… lo que se le dio la gana al caudillo.