• En riesgo el peso por aumento en tasas, cambio en Banxico y politización de política monetaria

Miguel A. Rocha Valencia

El movimiento al alza de la FED de Estados Unidos prendió la alerta para diversas economías que, como México, tienen problemas con la calificación y manejo de deuda pública, enfrentan cambios en estructuras financieras y politizan los procesos económicos.

De hecho, el pronóstico es que, para finales de año, diversas economías pueden sufrir procesos devaluatorios o inflacionarios por la volatilidad que dará el aumento en tasas líderes de interés, que elevará el costo del dinero y golpeará las deudas en dólares. Si a eso se suma que en nuestro país asume la gubernatura del Banco de México el joven Arturo Herrera Gutiérrez, sin ningún antecedente en la institución quien ni siquiera tiene el nivel de su antecesor en Hacienda, Carlos Manuel Urzúa Macías, se plantea un hándicap para el manejo de la política monetaria.

Todos sabemos que en México son dos instituciones que se manejan como pinzas para mantener la estabilidad económico-financiera: Hacienda y Banxico. Hasta el momento, ambas cumplen con su tarea, pero sobre todo porque la segunda, a cargo todavía de Alejandro Díaz de León no ha dejado el manipuleo político del Ganso de la política monetaria.

Incluso, la institucionalidad mostrada por Díaz de León, le causó la antipatía del Mesías tropical y pudo ser factor para decir no reconfirmarlo a pesar del excelente manejo de la política monetaria que es factor para evitar una devaluación, fenómeno que presume el profeta de Macuspana como logro suyo.

Claro, no se ignora que el manejo de la otra arista, más por política de austeridad y recaudación en Hacienda con su instrumento el SAT y la UIF, permitió que el endeudamiento que ya de por si es notable sin que sus efectos se noten en la economía, si permitió ingresos extraordinarios, disminución del gasto.

Pero a contrapelo de ello, el riesgo en que se encuentra la calificación de la principal empresa del gobierno, Pemex que además suma pérdidas y disminución de ingresos, es muy real, le pega al débito de toda la administración de la 4T.

Y ahora que la FED anunció que aplicará al menos dos alzas en sus tasas de interés, pues es un factor más de preocupación. Pero de eso sabe poco el zar de Palacio y si cumple sus negras intenciones de meterle la mano al Banco de México para darle un sentido “social”, le va a pegar a la política monetaria, propiciaría la desconfianza internacional en la institución y quien sabe cuáles sean las consecuencias, especialmente si tenemos a un Arturo Herrera que a todo dice “sí señor presidente”, pues estamos fritos.

Díaz de León como sus antecesores en el Banxico, defendieron la autonomía de la institución gracias a su experiencia en el manejo y sus buenas relaciones en el concierto financiero internacional, incluyendo el Banco de Pagos Internacionales, a cargo de Agustín Cartens, quien al lado de Arturito Herrera es un gigante y a eso se debe que actualmente se desempeñe como Gerente General de ese organismo que trabaja sólo con bancos centrales autónomos de varios países.

De tal suerte que el riesgo no es que se nombre a Herrera Gutiérrez, sino la intención con que lo hace el Peje. Como secretario de Hacienda, lo trajo como trapeador, los desmintió y le enmendó la plana cada vez que habló y si hace lo mismo desde el Banco de México, se van a cimbrar o hasta derrumbar los cimientos de la economía nacional que ya de por si tiene el edificio cuarteado.

El machuchón tabasqueño debe entender que gracias a que Díaz de León con sus subgobernadores, incluyendo señaladamente a Jonathan Ernest Heath Constable (nombrado por el Ganso) dieron un manejo profesional a la política monetaria a través del Banxico, el país conservó la estabilidad de que presume su gobierno.

Pero si tiene la idea de colocar a un débil incondicional al frente de la institución para manipular su manejo, entonces preparémonos para una noche muy negra, donde lo más probable es que se pierda la calificación sobre la deuda en documentos que se volverían chatarra, un incremento histórico del débito público incluyendo devaluación y se acompañaría de un proceso inflacionario que ya está en proceso y se aceleraría a niveles no previstos.

La verdad es que don Peje está jugando con fuego y puede incendiar la economía. Lo malo es que él no pagará ni una sola de esas facturas, aunque el basurero de la historia lo esté esperando.