• Casi un billón de pesos desvió AMLO del presupuesto y fisco a su clientela

Miguel A. Rocha Valencia

La tlaxcalteca Ana Lilia Rivera Rivera puso el grito en el cielo y acusó desde su mullido sillón del Senado que los gobernadores de oposición, buscan robar mediante el endeudamiento.

Incluso amenazó la senadora morenista con “sacar a la gente a las calles” para evitar que gobernadores como el de Tamaulipas se endeuden para cubrir sus necesidades de gasto ahora que el presidente López, les recortó las participaciones, les pide ahorrar y no les da dinero para afrontar con programas gubernamentales, la crisis económica derivada de la pandemia del SARS-CoV-2 causante de la enfermedad COVID-19.

Pero no dice nada de la “despachada” de cientos de miles de millones de pesos que se da el presidente violando diversas leyes al dilapidar en sus, suyos, de su propiedad, programas sociales que le ganen una base electoral que salve a los morenos de la debacle electoral del año próximo.

Derrota que avizoran y que se habrán ganado a pulso no por méritos de la oposición, sino por su propia estulticia, agandalle, soberbia e inoperancia como gobierno. Claro, les quedará el recurso de la trampa.

Convirtieron los morenistas en un auténtico florero al congreso federal y los locales para permitir que López disponga de dineros no sólo presupuestales sino también fiscales y ministeriales.

Ya no sólo se trató de recortes arbitrarios como los de 2019 y que entre otros sectores, dejaron al de salud en ruinas –ya de por si estaba mal-, sino que el agandalle derivó a dinero del crimen, de las famosas subastas de bienes incautados, recursos que debieron entrar a la hacienda pública, igual que los derivados de la extorsión a empresarios deudores bajo el pretexto de una rifa que resultó fraude.

Pero los programas clientelares, como toda acción a fondo perdido, es un barril sin fondo y más cuando se trata de construir una base electoral.

El mismo López dispuso quitar nuevamente dinero a las dependencias públicas, tomar como suyo el Fondo de Contingencias y agotar los casi 300 mil millones que le dejó la pasada administración, hacer suyas las recuperaciones fiscales y sin ninguna autorización judicial, legislativa o administrativa, redireccionarlos a sus objetivos.

Ahora detiene los recursos de los ramos 2000 y 3000 mil que es el flujo diario de las dependencias de gobierno hasta que no le entreguen el 75 por ciento de su presupuesto para operativo.

Cancela sin mayor preámbulo fideicomisos incluso aquellos que sostienen instituciones y actividades legalmente constituidas al tiempo que inicia una persecución con la feroz titular del SAT y recurre al chantaje.

También necesita dinero para continuar “sus” obras y sostener a Pemex, y como del presupuesto no hay, toma el dinero de las participaciones a los estados; los gobernadores se enojan, patalean y no los voltea a ver y ante ello, buscan dónde financiarse igual que los empresarios “corruptos” olvidados a quienes manda a amenazar.

Claro los gobernadores morenos aprietan, quitan prestaciones, papel de baño, utilitarios, se reducen a nivel de inacción y hacen lo mismo sin consultar a sus propios congresos que comparsas, se quedaron dijo un día el tlatoani, de floreros.

En salud, pide apoyo de todos, pero del presupuesto, sólo migajas. Recorta salarios, cancela aguinaldos y se olvida que los generadores de empleo son los empresarios.

Se trata de casi un billón de pesos de dinero presupuestal “ahorrado”, desviado o redirigido, así como recursos que debieron pasar al fisco; pero lo peor es quedarse con dinero de trabajadores para darlos a ninis.