• A él obedecen las hordas que desestabilizan y toman facultades

Miguel A. Rocha Valencia

Imaginemos lo impensable: la UNAM en manos de Claudia Sheinbaum, Martí Batres y el vividor millonario Pablo Gómez, con un rector de la estatura de John Ackerman.

Sería el acabose y la excelencia por la que han luchado los rectores contemporáneos y que tiene a la Universidad Nacional, como la segunda mejor de América Latina y superior a las españolas e incluso en el lugar 103 mundial, se perderían en la mediocridad, en la miseria académica.

Esto es que, en manos del ignorante e incapaz presidente, alcanzaría seguramente el nivel de la Universidad de la Ciudad de México, cuyos “egresados” no obtienen empleo en ningún lado, salvo en el gobierno de la capital del país.

Y como a López Obrador le caen mal los pensantes, inteligentes, estudiosos, excelentes, eminencias y especialistas, encargó a los mencionados crear el caos en la UNAM con el fin de quedarse con ella, provocar su caída en el oprobio de la miseria académica para propiciar generaciones de chairos mediocres, impreparados, grillos y morenos.

Para ello recurre a un puñado de “sus becarios” disfrazados de porros, quienes amagan con tomar ahora, la facultad de Derecho, como se escucha en un audio donde los chairos se preparan y convocan al asalto:

“Qué pedo buey, acuérdate de mañana ir al águila con los putos de derecho; pinches guachos nos van a conocer, van a valer verga. Ya están las cuentas de (inaudible) para tomar mañana la facultad. Yo paso en una hora a polacas por el recurso de armar el desmadre. Los del centro nos están haciendo segunda, sólo hay que estar al tiro por si llueven los vergazos. No vayas a fallar wey”.

Esa es la estrategia, inmovilizar a la UNAM, presionar a las autoridades universitarias, al Rector Enrique Graue o al que esté dispuesto a defender la autonomía de la máxima casa de estudios de México.

La quieren controlar, lo mismo que ocurre ya con otras instituciones como la Suprema Corte de Justicia y con ella al Poder Judicial; el congreso federal y varios locales como el de la Ciudad de México.

Ni hablar de las agresiones contra el Instituto Nacional Electoral que desea López someter como ocurre con la Comisión Nacional de Derechos Humanos o la Reguladora de Energía.

La UNAM ha aguantado gracias a su estudiantado las agresiones, presiones que llegan desde Morena y que tiene bajo presión todas las áreas, escuelas y facultades de la institución.

Es un sitio que abarca lo financiero, académico y administrativo con agresiones constantes al personal dirigente y académico. Creo y espero que López se equivoca. La UNAM no será controlada por él, a quien le regalaron inmerecido título después de 17 años de fosilato.

Si logra someterla, dejará de ser UNAM.