• López ordena a Sheinbaum reabrir actividades en el pico más alto de la pandemia

Miguel Ángel Rocha Valencia

La orden salió de Palacio Nacional: salgan y reabran.

Y a pesar de saber que no es tiempo ya que la pandemia sigue en ascenso en cuanto al número de muertos y contagios, Claudia Sheinbaum Pardo anunció que la ciudad de México, se declara en semáforo naranja, se reabren actividades, negocios, empresas, plazas comerciales, estaciones del Metro y Metrobús, y termina el “Hoy No circula” provisional.

Con ello se espera que, en cinco días, se reincorporen a la movilidad cientos de miles de automóviles y a la actividad económica, no menos de 350 mil trabajadores.

Aún por la mañana del viernes, el propio subsecretario de Salud, Hugo López Gatell, quien, según versiones, le miente al presidente para no hacerlo enojar, advertía en un video que “en este momento todo el país está en semáforo rojo”.

Subrayó el funcionario que “la epidemia de COVID-19 en México no ha terminado, nos faltan todavía varias semanas, meses incluso. Semáforo Rojo quiere decir máximo nivel de peligro de contagios”.

Por ello y de acuerdo a su versión, deben continuar las acciones de sana distancia para evitar un rebrote en el número de contagios.

Por ese motivo, precisó, “las actividades que estaban restringidas durante la Jornada de Sana Distancia siguen en el mismo status: mercados y supermercados con aforo reducido, ventas a domicilio igual que los servicios de barbería y estética”.

Expresamente está prohibido congregarse en plazas públicas, apertura de centros comerciales, actividades en sitios de culto religioso, conciertos, apertura de cines, teatros y museos.

Empero, luego de la orden que recibió Sheinbaum desde Palacio Nacional, anunció reaperturas “graduales” durante cuatro o cinco días e “iremos evaluando”. El problema es que no se podrá medir un incremento en contagios y muertes hasta después de una semana o diez días, con todo y que los 10 mil brigadistas acudan casa por casa buscando enfermos.

Claudia Sheinbaum Pardo, se había distinguido por su disciplina y congruencia hasta en el uso del cubrebocas y aplicación masiva de pruebas, a despecho de lo que se recomendaba a nivel federal por el propio López-Gatell.

Pero se sabe quién será el responsable del repunte, del rebrote de que habla el subsecretario que bien o mal, llevaba un control sobre la pandemia a pesar de la oposición del tlatoani tabasqueño que lo obligó a ajustar la realidad a sus deseos.

De tal suerte que lo que sigue, será responsabilidad de López, no de Sheinbaum ni de López-Gatell, ellos deben obedecer. Claro, por congruencia profesional y compromiso social, tendrían qué renunciar, pero no lo harán.

Así las cosas, López, el de Macuspana tendrá en su conciencia, si la tiene, las víctimas de la reapertura apresurada y prematura precisamente cuando la curva de contagios y muertes se encuentra en su nivel más alto.

Los otros, los empleados Sheinbaum y López-Gatell, tendrán que concentrarse en evitar que las víctimas saturen hospitales y las fotos de gente sin cama o servicio funerario den vuelta al mundo y aquí, en México tengamos que llorar más de lo esperado.