• López aplica dos varas y una trampa para engañar y distraer, pero nos hunde cada vez más

Miguel A. Rocha Valencia

López, el que se dice presidente, decreta que los empresarios deben pagar salario a sus trabajadores en la contingencia y quien no lo haga será sancionado. Pero él como patrón de la burocracia, si puede hacer descuentos por que él lo ordena, aunque sea contra la Ley.

Pero, además, sin tener las atribuciones y de manera ilegal, se apodera de los dineros de fideicomisos sin siquiera realizar trámites administrativos o normativos que lo autoricen.

Es decir, en ambos casos sólo su chicharrón truena, porque como lo dijo desde el principio, él es quien manda en el país y aunque no sea suyo, se apropia de vidas y haciendas, porque puede, por poder.

Más aún, también sin atribuciones, obliga al Banco de México a echar a andar la fábrica de billetes, sin un respaldo de crecimiento de la economía. Lo cual tarde o temprano, hará que el peso se convierta en bilimbique, al tiempo que convierte a la respetable institución financiera en un foco rojo, sin confianza internacional alguna, pues al tener que soportar los 750 mil millones de pesos que emitirá, tendrá que recurrir a deuda.

Es el equivalente a 30 mil millones de dólares, los que liberará para préstamos y pagos el Banxico y mantener liquidez de empresas y refaccionar a otras. Una cifra así fue la que ofreció en préstamo Bill Clinton a Ernesto Zedillo en los aciagos 1994-95 para frenar los efectos del “error de diciembre” que nos devaluó, hizo perder sus ahorros y propiedades a muchos, causó divorcios y suicidios. Yo fui una víctima en materia económica.

La acción de Banxico, tendrá consecuencias a nivel internacional, de eso no hay duda, por dos razones; una que mostró no ser un organismo independiente que se gobierna para cumplir su misión de equilibrio y regulador y ante el concierto internacional, será generador de desconfianza ya que ese instituto garantiza las inversiones y el pago de las obligaciones adquiridas por el gobierno, como la deuda en bonos oficiales.

Y ahí está la trampa; a López le importa muy poco o nada lo que suceda con el país en tanto él mantenga sus programas a fondo perdido y las obras por las cuales pretende ser recordado, aunque con ello suma a México en la ruina y el descrédito internacional.

El problema es que toda fuente de ingresos del gobierno tiene límites. ¿Y cuando la economía esté tan dañada que no haya lo suficiente en las arcas para sostener medio billón para sus obras y programas?  ¿Irá sobre las afores, el ahorro de los trabajadores?

Sólo pensar que se vaya sobre las reservas internacionales que ya serán tocadas por las acciones de Banxico. Podría declarar si quiere, porque puede y le vale, una moratoria de pagos internacionales. Haría eso y más para pagar a “sus clientes”.

El tema es más grave de los que se aprecia; aunque no lo diga, parte de los 30 mil millones de dólares es para apuntalar créditos de la banca privada y al mismo tiempo la oficial para sostener “sus obras” y programas.

La verdad es preocupante, tanto que lo de la baja en 50 puntos base en la tasa de interés para ubicarla en seis por ciento, es pecata minuta. Estamos al borde de un fenómeno tan grave que fue capaz de distraer la atención en su mañanera para acusar a los corruptos periodistas y ponerle nombre a los buenos que lo defienden y le aplauden.

Flaco favor le hizo entre otros a Jorge Zepeda Paterson, quien no necesita que le reconozcan nada. Lo puso en la mira igual que a otros tres cuyo nombre ni recuerdo y a todos los demás, sin distingos ni medios, los tachó de malos y faltos de profesionalismo.

Si de eso se tratara ¿Él, López dónde quedaría como presidente? No hay, o al menos no encuentro, un calificativo para su estatura.