• Desde la misma Presidencia protegen e incuban la corrupción

Miguel A. Rocha Valencia

Ahora resulta que el bisnieto de Francisco I. Madero, Alfonso Romo Garza, actual jefe de la oficina de la Presidencia del tlatoani tabasqueño, resultó más corrupto que cualquiera de la ex mafia del poder; se le equipara a lo que fue Juan Armando Hinojosa Cantú (Casa Blanca) en el sexenio de Enrique Peña, solo que a lo grande.

Claro, hay diferencias abismales: el regiomontano que para más señas resultó chaquetero, ya que lo mismo apoyó a Vicente Fox que a López Obrador, es rico de abolengo y funcionario público de primer nivel, mientras que Hinojosa Cantú con ser del grupo “Chilorio Power” es tamaulipeco y sus negocios los hizo desde abajo, en la iniciativa privada sin desempeñar cargo alguno en el gobierno federal.

A Juan Armando, lo acusaron desde la oposición y la IP de aprovechar su cercanía primero, con el ex gobernador mexiquense Arturo Montiel Rojas y más tarde con Peña Nieto. Se encargó de repartir obra pública en el Estado de México mediante el diezmo correspondiente.

De ahí pasó a magnate constructor e inmobiliario y de pintar balizamiento en calles de Toluca, creció hasta manejar mediante un “holding” de empresas, la concesión de grandes obras públicas, especialmente bajo la tutela de Peña Nieto. Operó, insistimos, desde el sector privado.

En el caso de Romo Garza, quien no sólo es un millonario Forbes de derecha pues pertenece al Opus Dei y Legionarios de Cristo, sino, además, aprovechándose del cargo de Jefe de la Oficina de la Presidencia y encargado de convencer a empresarios para que cooperen con la Cuarta, fomenta sus negocios personales y favorece a sus amigos y compadres.

A él no lo señalan desde “afuera” o la oposición, sino dentro del mismo gabinete presidencial, como lo hizo el ex titular de Semarnat, Víctor Manuel Toledo Cantú, quien acusó a su compañero de recomendar el visto bueno a la cervecera Constellation Brands, en Mexicali.

Previamente, Carlos Urzúa, exsecretario de Hacienda de López, acusó a Romo Garza de negocios personales turbios y depredadores del medio ambiente en la península de Yucatán y de influir en el jefe de la banda, Andrés Manuel, para favorecer un desarrollo ganadero estadounidense en tierras ejidales y comunales de Campeche y Tabasco. Parte del Tren Maya forma parte del proyecto de inversiones.

Es decir, el regiomontano no promueve la inversión, recomienda a empresarios de todo signo, especialmente estadounidenses en la realización de negocios, especialmente agroindustriales como los suyos.

Para ello cuenta con la complicidad de Víctor Villalobos Arámbula, secretario de Agricultura y Desarrollo Rural, incluso en el tema de producción e importación de granos transgénicos y uso de herbicidas prohibidos allende la frontera norte.

Este personaje de la Cuarta, es tan “bravo”, que afirman “llevó al baile” en el año 2000 al ex dictador Augusto Pinochet, quien perdió gran parte de su capital “por manejos fraudulentos del regiomontano. Hasta el momento no hay otros medios o líneas de investigación sobre esta controversia”, según Wikipedia.

Ambos ex funcionarios del gabinetazo de López, señalan al descendiente de Madero como un auténtico depredador del medio ambiente y excelente para los negocios que “dejan”.

Tal vez el tlatoani conoce esas cualidades de su multimillonario empleado y por eso cuando recomendó que se siguiera con el NAIM en Texcoco, prefirió no hacerle caso sospechando que él, Romo Garza, llevara una tajada del pastel.

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