• Defensores de esquemas contrarios, coinciden en el T-MEC neoliberal

Miguel A. Rocha Valencia

La visión de los presidentes de México y Estados Unidos, no podían ser más encontradas. Uno, López, nacido en una comunidad rural, con un par de pozos petroleros y dedicado a la agricultura, ganadería y pesca, de familia modesta; el otro, Donald Trump, surge de un barrio residencial, Borough, Queens, Nueva York, de familia empresarial-inmobiliaria, nació, es millonario.

El primero, siete años menos de edad, lleva su campaña en favor de los pobres, contra las minorías privilegiadas, concentradoras de riqueza, incluyendo clases medias y ricos.

Al contrario, el estadounidense, defiende no sólo por formación y “clase” sino por estructura de poder, de gobierno, a empresarios, al capital, al odiado neoliberalismo.

Uno en favor de los explotados, como él afirma y otro defiende a los explotadores.

Contrastantes esquemas, personajes que ejemplifican o encabezan López, la lucha de clases que sostiene las ideas los pobres contra ricos e incluso despojar a estos para igualar a los otros.

Enfrente Trump representa el esquema capitalista salvaje, el de protección y apoyo al capital que, en teoría, debe generar riqueza que se distribuye o “permea” hacia los de abajo y mejora los niveles de bienestar.

Este esquema que combate López como en su momento lo intentaron otros, pero que se toparon como adelantó en su momento el marxista, Antonio Gramsci, a una alianza de clases que se sueldan sólidamente con elementos estructurales y superestructurales, garantizando la primacía de la alianza social.

Es decir que el éxito de López Obrador en su lucha por los pobres se ve acotada por la misma alianza que se da en la sociedad mexicana; lo vimos en la pandemia, empresarios acordaron con sus trabajadores reducciones de salarios y cierre de actividades incluso a petición de los empleados que antes que quebrar negocios y perder empleo, prefirieron solidarizarse con los patrones.

López sabe a pesar de rechazarlo: México no saldrá adelante (se lo dice Ricardo Monreal casi todos los días), sin el apoyo de los empresarios, que aun sin estar, serán omnipresentes en las reuniones de Washington los días 8 y 9 de julio.

No puede el presidente mexicano negar que el T-MEC tiene los fundamentos capitalistas, de un neo que se fortalece dado que las cúpulas empresariales y organismos internacionales incluso financieras, continúan controlando los procesos económicos del mundo, de ese universo del que López Obrador no se puede sustraer y que, a pesar de sus esfuerzos, cuando sienta que gana, tendrá, como es el caso, dar marcha atrás y rendirse ante las fuerzas del mercado global.

Dicen quienes saben que sólo un cambio radical a nivel mundial podría remover esas estructuras, pero seguramente no será en esta década que inicia. El inicio tal vez sería, que los bancos centrales no atendieran directrices de mercado global, sino de fundamentos estructurales de los respectivos estados nacionales, pero…

El caso es que en Washington se reunirán dos formas distintas de pensar y proyectos políticos contrarios.