• López en lo mismo, la ASF retrasa su reporte a octubre y matan a 24

Miguel A. Rocha Valencia

Apenas ayer hablábamos de la necesidad de conocer el reporte de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) para saber lo que ha hecho el gobierno de López Obrador en materia presupuestaria. Esperábamos se reportarán subejercicios y desvíos de por lo menos un billón de pesos.

El reporte por Ley coincidiría con el festejo de López con motivo del segundo aniversario de la derrota del PRI y PAN ante la inconformidad y enojo que representó Morena.

Pero más que las cifras, esperábamos saber si la ASF que dirige David Rogelio Colmenares Páramo, mostraba subordinación al poder Ejecutivo y en vez de las cuentas claras, como es su responsabilidad, sobre todo en el manejo del gasto del gobierno, presentaba argumentos cuasi legaloides para justificar el gasto indiscriminado y fuera de la Ley por parte de López.

Tan mal estarán las cuentas que de última hora la Auditoría decidió informar que no presentaría su informe respecto a la Cuenta Pública de la Cuarta correspondiente al año 2019.

Culpa de ello, dice Colmenares Páramo, es de la pandemia que según afirma impidió hacer el trabajo, una labor que se realiza en computadoras, no de puño y letra y sumadora mecánica como hace muchos años.

El trabajo de recopilación, análisis y conclusión, se realiza de manera cibernética, lo cual no obligaba a un trabajo presencial en alguna oficina, se realiza a distancia, pero simplemente se decidió no presentar el informe, no arruinarle la fiesta de incienso del presidente y postergar la responsabilidad hasta octubre.

La mala espina se cumplió, ya que la misma ASF dijo que aun si la evolución de la pandemia no es favorable, eso no impedirá que se publiquen los resultados en octubre los informes incluso de la segunda entrega como lo establece la Ley de este organismo autónomo dependiente de la Cámara de Diputados.

Y claro que un informe de la ASF habría aguado la fiesta de López, quien no dijo absolutamente nada salvo lo de siempre: sus ahorros por más de 270 mil millones de pesos que no son sino la quita de dinero presupuestal etiquetado, se le olvida que el aeropuerto de Santa Lucía no es de la envergadura e importancia del que se construía en Texcoco y los supuestos dos millones de empleos que dice ha de crear, no son sino clientes a los que les regalará dinero, pero no generarán riqueza.

Presumió la ausencia de matanzas, cuando ha habido varias y para colofón del festejo, asesinaron a 24 y lesionan a otros siete en Irapuato.

Aplaude que el peso se haya devaluado “pero sólo” en bajo porcentaje, olvida la caída del PIB, la quiebra de empresas, la pérdida de confianza internacional y sacó al T-MEC como la solución económica de México, cuando este acuerdo comercial, existe desde tiempos de sus odiados neoliberales.

La verdad es que nada por festejar, no obras, no inversión, no crecimiento, aumento de muertos, violencia y eso sí, muchas promesas. Un acto de campaña más como los ha realizado desde hace 18 años.

Promesas que se pierden en la verborrea barata de un lenguaje corto, propio del impreparado que encuentra en otros, las culpas que no va a asumir nunca como su responsabilidad.

Es decir, nada qué festejar y si un panorama sombrío para los mexicanos que se debaten en la crisis de salud por la pandemia, la económica por pérdida de empleo y quiebra de empresas (Aeroméxico), violencia con aumento de asesinatos y pocas esperanzas en el futuro cercano.